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3 de diciembre de 2011

"TODOS LOS CUENTOS", DE CRISTINA FERNÁNDEZ CUBAS: la sutileza de lo fantástico, la ironía de la realidad.


Cristina Fernández Cubas.
Todos los cuentos
Barcelona, Tusquets, 2008. 507 páginas. (Colección Andanzas, 672).

Este volumen incluye los siguientes libros de relatos:

Mi hermana Elba (1.980). Contiene los relatos: “Lúnula y Violeta”, “La ventana del jardín”, “Mi hermana Elba” y “El provocador e imágenes”.

Los altillos de Brumal (1983). Contiene los relatos: “El reloj de Bagdad”, “En el hemisferio sur”, “Los altillos de Brumal” y “La noche de Jezabel”.

El ángulo del horror (1990). Contiene los relatos: “Helicón”, “El legado del abuelo”, “El ángulo del horror” y “La Flor de España”.

Con Agatha en Estambul (1994). Contiene los relatos: “Mundo”, “La mujer de verde”, “El lugar”, “Ausencia” y “Con Agatha en Estambul”.

Parientes pobres del diablo (2006). Contiene los relatos: “La fiebre azul”, “Parientes pobres del diablo” y “El moscardón”.

Finalmente y como apéndice hay un relato suelto, “El faro”, continuación de un texto inconcluso de Edgar Allan Poe.

El libro tiene también un interesante prólogo de Fernando Valls, titulado “Mundos inquietantes de límites imprecisos: los relatos de Cristina Fernández Cubas.”

Hace poco que pude por fin escuchar, en un audio de la Biblioteca Digital de la ONCE, estos relatos de Fernández Cubas, por los que tenía gran interés desde hacía tiempo. La lectura del libro no sólo cumplió mis expectativas, sino que las superó ampliamente. En mi parecer, Cristina Fernández Cubas, junto con Pilar Pedraza, son las autoras españolas de género fantástico con una obra de mayor calidad y madurez literaria.

De antemano diré que esta entrada va a ser un comentario muy superficial sobre las narraciones de una escritora que merecerían un estudio mucho más detallado.

Hay una aparente sencillez formal, que enseguida nos deja descubrir una auténtica complejidad (tanto lingüística como de contenido), en estos cuentos, muy trabajados en lo literario, muy bien escritos, con un impecable uso de los motivos. Son piezas de un estilo limpio (ni preciosista, ni deslumbrante, ni pretencioso…), pero en el que nada falta y nada sobra.

Entre estos relatos hay historias realistas, como “El provocador de imágenes”, “El legado del abuelo” o “Mundo”.

Y después, una amplia variedad de textos que nos muestran casi todas las posibilidades de lo fantástico, de las cuales servirían como ejemplos muy claros:

1) Lo fantástico en que aparece lo sobrenatural, lo imposible, lo inconcebible, lo inexplicable, lo que supone una transgresión de las leyes físicas de la naturaleza: “Mi hermana Elba”, “El reloj de Bagdad”, “Los altillos de Brumal”. “La noche de Jezabel”, “La mujer de verde”, “El lugar”, “El ángulo del horror” y “Parientes pobres del diablo”.

2) Historias que quedan abiertas en esa vacilación entre dos posibles explicaciones de la que hablaba Todorov: a) el hecho fantástico se ha producido, y por tanto la realidad se rige a veces por leyes sobrenaturales o inexplicables, que son una transgresión de la physis; b) el hecho fue un producto de la imaginación del protagonista, o de una perturbación de su capacidad cognitiva (amnesia, sueño, locura, drogas….), las leyes del mundo no han sido transgredidas realmente y por tanto permanecen inalterables.
Aquí estarían por ejemplo “Lúnula y Violeta”, “En el hemisferio sur” “Ausencia” y “La fiebre azul”.

3) Relatos que yo situaría dentro de lo extraño, lo extraordinario, lo insólito, es decir, donde la historia que se nos cuenta no tiene ningún elemento imposible, pero sí choca con nuestra idea convencional de realidad, nuestras ”certidumbres preconstruidas” sobre esta, lo que esperamos por costumbre que suceda o siga sucediendo. Ejemplos: “La ventana del jardín” o ”Helicón”.

Para mí casi todos los cuentos de Fernández Cubas nos hacen ver que el límite entre lo real y lo irreal, lo posible y lo imposible, lo normal y lo extraño, la literatura y la vida es impreciso, mucho más difícil de definir de lo que creemos, y que nuestros parámetros de la realidad son por completo convencionales, una construcción mental (y por lo tanto lingüística).

He dicho construcción mental y por lo tanto lingüística, ya que no hay pensamiento humano sin conformar por el lenguaje, y esta es una de las ideas, creo, que Fernández Cubas tiene más clara al escribir sus cuentos.

El mundo de Cristina Fernández Cubas es un mundo de ficción, un mundo literario, construido con palabras, como la realidad misma. Sin duda lectora apasionada, en sus páginas hay referencias más o menos evidentes a muchos otros textos. A veces la literatura se convierte en el tema fundamental de un relato, al igual que el lenguaje, sobre el que reflexiona la autora, sus protagonistas, o se nos hace reflexionar a nosotros los lectores ante el uso de las palabras para conseguir lo fantástico.

A este interés por la literatura, el lenguaje, la propia ficción, la propia escritura, se unen dos elementos para mí básicos en la obra de la escritora catalana, y muy ligados a lo lingüístico: la sutileza y la ironía.

Cuando un texto fantástico es bueno, lo imposible o lo extraño no suele irrumpir burdamente en la historia, sino que es sugerido al lector, quien debe hacer sus propias interpretaciones. En estos relatos de Fernández Cubas lo fantástico se combina además con la profundización psicológica en los personajes o en sus relaciones. Y otro de los grandes valores de la narrativa de Cubas es el humor, la ironía. La mirada irónica distancia a la autora de su narración, y también nos separa a quienes leemos, permitiéndonos así una visión más lúcida.

Voy a comentar brevemente cada uno de los cuentos:

Comienzo con los de Mi hermana Elba (1980):
“Lúnula y Violeta” es un relato sobre la literatura y el talento literario, sobre el tema del doble, y la ambigua y compleja relación víctima-verdugo; sobre qué es y no es real. Temas que se repetirán en los demás cuentos, y muchos de los cuales parten de la más clásica tradición fantástica. Sin embargo Fernández Cubas es capaz de abordarlos con una notable originalidad.

“La ventana del jardín” trata sobre el lenguaje y cómo este conforma nuestra realidad. El final de la historia es sorprendente, una muy buena e irónica conclusión.

En cuanto a “Mi hermana Elba”, protagonizada por niñas, como otros relatos, nos habla de la mayor capacidad para lo sobrenatural o lo inexplicable que puede darse en la niñez o en personas que supuestamente son discapacitadas. Habla también sobre el paso a la edad adulta, con lo que supone de renuncia o abandono de los dones de la infancia y de sus territorios donde realidad y fantasía, imposible y posible carecen de esa frontera presuntamente tan clara con la que los que separamos de adultos. Pero hay personas que nunca abandonan esos dominios de la infancia y su mente más abierta, más capaz de aprehender lo fantástico y lo maravilloso.

Por cierto, pienso que esos agujeros o escondites que también protagonizan el relato, y donde se ocultan las niñas son en efecto agujeros en el continuum espacio-tiempo, y la física acabará por demostrar su existencia. Es decir, podrían ser materia de la ciencia ficción, aunque aquí son tratados desde la perspectiva fantástica.

“Mi hermana Elba” es un ejemplo muy interesante del tratamiento que Cristina Fernández Cubas suele dar a lo fantástico: en sus relatos la irrupción de lo imposible en la realidad cotidiana no se produce de una manera estridente ni lo llena todo, sino aparece de forma sutil, a través por ejemplo de un elemento como los “escondites”.

Es importante asimismo analizar el “efecto fantástico” (según dice David Roas) que producen los acontecimientos inexplicables tanto en los personajes como en los lectores, teniendo en cuenta que la escritora mezcla elementos tradicionales del género con una perspectiva muy moderna. En “Lúnula y Violeta” por ejemplo, Violeta, la narradora y protagonista (ya sabemos lo problemática pero también lo útil que es en lo fantástico la primera persona narrativa, puesto que siempre puede ser objeto de duda en cuanto a la veracidad de la historia vivida y narrada) sufre una conmoción tal debido a su relación con la otra protagonista (Lúnula) que la lleva a la muerte. Y sin embargo, en quienes leemos nos queda la duda, esa vacilación que Todorov proponía como característica del género fantástico:¿Hay una protagonista o dos? ¿Está loca Violeta?

Ocurre que estos cuentos no suelen producir espanto ni un escalofrío como otras narraciones fantásticas antiguas, o las historias de puro terror. Sí suscitan inquietud, desasosiego, perplejidad, una interrogación en nosotros los lectores (otra cosa es en los personajes, que pueden verse gravemente afectados). Por eso digo que la narrativa de Fernández Cubas es muy moderna (no sé si decir posmoderna).

Este primer libro se cierra con “El provocador de imágenes”, una historia no fantástica sobre las relaciones de poder-sumisión, en este caso en una pareja sentimental. El relato tiene mucho que ver con un cuento de otro libro, “La Flor de España” (este último para mí mucho más conseguido, también realista y muy irónico, con una protagonista narradora que al principio resulta anodina y simpática, pero se nos va desvelando como la auténtica verdugo en una relación que parecía justo lo contrario; es digno de atención también las reflexiones lingüísticas de la narradora, todo un prodigio de humor). Tanto “El provocador…” como “La Flor de España” plantean hasta qué punto nuestras interpretaciones de los vínculos ajenos son correctas, porque puede que las apariencias engañen y oculten verdades insospechadas.

Repasemos ahora brevemente los cuentos incluidos en el libro Los altillos de Brumal (1983), todos ellos de muy buena calidad.

En “El reloj de Bagdad” nuevamente es una niña la protagonista, y nuevamente ella, junto a dos mujeres mayores y de nivel cultural sencillo, son capaces de comprender lo sobrenatural. Aquí lo fantástico irrumpe a través de un objeto, un elemento perverso que traerá el caos a la vida cotidiana y apacible de los personajes.

“En el hemisferio sur” es un relato muy interesante y muy complejo que requeriría un mayor análisis; trata sobre la literatura, los dobles, la demencia…

En cuanto a “Los altillos de Brumal” se trata de una narración donde, más importante que lo fantástico, es el tema de la identidad personal, lo que somos cada uno, lo que queremos ser, lo que no podemos dejar de ser, aunque la sociedad, incluso nuestra misma madre quiera cambiarnos.

“La noche de Jezabel” se sitúa en un marco muy característico de este tipo de relatos: una reunión nocturna con tormenta donde los personajes reunidos cuentan historias de miedo y de fantasmas. Creo que es un cuento irónico hacia la propia literatura fantástica, y plantea de nuevo un interrogante fundamental: cómo percibimos la realidad, qué es real y qué es apariencia, cómo distinguirlas, cómo podemos estar seguros de una cosa y de otra. Puede efectivamente que lo sobrenatural pase ante nosotros sin que nos demos cuenta. Y no debemos fiarnos tampoco de los tópicos, ni siquiera de los tópicos fantásticos: ni todos los vampiros se parecen a Drácula, ni los fantasmas son tan serios como pudiéramos creer.

El siguiente libro, El ángulo del horror (1990), contiene también cuatro cuentos. Uno de ellos, “La Flor de España”, ya lo he comentado antes, al hablar de “El provocador de imágenes”.

“El legado del abuelo” es un texto realista, con un protagonista niño, un relato interesante acerca de las relaciones familiares, lo que esperamos y no esperamos de los demás, y lo perversa que puede ser en ocasiones la inocencia infantil.

En “El ángulo del horror”, que da título al libro, subyace una reflexión sobre la posibilidad de que lo terrible venga dado por una mirada, una perspectiva, más que por la realidad en sí.

“Helicón” me parece una narración divertidísima que aborda el tema del doble, pero a través de la cual se explora en deseos oscuros, en fantaseadas identidades, en lo que quisiéramos ser y no nos atrevemos. La autora se arriesga en lo extraño hasta tal extremo que el relato, sin serlo, cobra visos de fantástico.

Con Agatha en Estambul se abre con un maravilloso relato, “Mundo”, de una tremenda fuerza simbólica sobre los encierros exteriores e interiores, sobre la vida cuando no nos la dejan o no la sabemos vivir.

“La mujer de verde” trata de la fatalidad, hasta qué punto somos dueños de nuestro destino, si nos vemos abocadas a él o nuestros propios temores acaban por conducirnos al desastre.

En “El lugar”, Fernández Cubas retoma el humor para relatarnos una historia de matrimonios, familias y fantasmas.

“Ausencia”, un texto escrito en segunda persona, puede entenderse según explica el prologuista del libro, Fernando Valls, como la historia de una oportunidad perdida, la que tiene la protagonista para cambiar su modo de vivir y de ser.

Y en cuanto a “Con Agatha en Estambul”, explora en las relaciones humanas, con la ironía característica de la autora.

El último libro es Parientes pobres del diablo (2006), del cual la narración que más me ha interesado es el cuento africano “La fiebre azul”, que plantea de nuevo el dilema entre libertad y destino. Es un relato con bellas imágenes, y las escenas nocturnas en el hotel Masajonia resultan bastante inquietantes.

“Parientes pobres del diablo” nos habla sobre una subraza de demonios venidos a menos por no ser suficientemente malos entre los suyos, aunque aquí en el mundo humano sí pueden destacar por su perversidad. Bien, es un relato original, aunque en mi parecer los hay mejores dentro de todo el volumen.

Termino con "El faro", un ejercicio literario que continúa y finaliza un texto inacabado de Edgar Allan Poe. Leemos así un relato fantástico clásico muy bien logrado.

Solo quiero añadir que Todos los cuentos es uno de los mejores libros de fantástico que he leído en los últimos años. Puede gustar tanto a los amantes del género como a los no tan aficionados. Creo que esa es la mejor recomendación.

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