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Podéis leer buenas narraciones en la Biblioteca de Relatos.

15 de noviembre de 2022

"HUMANAS", DE CAROLINA MARTÍNEZ VÁZQUEZ

 Humanas

Carolina Martínez Vázquez

LES Editorial, 2022

109 págs.

 

Andaba yo buscando obras de ciencia ficción que tuvieran como uno de sus temas principales una sociedad, futura o alternativa al presente y pasado históricos conocidos, integrada solo por mujeres, y me he encontrado con esta novela corta de Carolina Martínez, publicada por LES editorial, un sello independiente que está ofreciendo libros muy interesantes de temática LGTB.

Humanas nos presenta un futuro donde los varones con cromosomas XY han desaparecido en su totalidad de manera inexplicable. Se han extinguido en un proceso bastante rápido y masivo, que afectó a todas las edades, incluso a los neonatos. Por tanto, el mundo está poblado solo por mujeres, aunque parece que hay grupos residuales de hombres trans. También hay androides masculinos, con diversas finalidades en la sociedad, por ejemplo el trabajo doméstico o la función sexual.

La nueva situación se presenta, en principio, como utópica. No hay guerras; su desaparición coincide con la ausencia de los hombres. Ellas, las mujeres, se organizan a la perfección en todos los campos de la vida.

La acción transcurre en Europa. Las protagonistas son una pareja, Seiya e Inken, cuya relación atraviesa un momento difícil. La primera tiene dos madres y una hermana. De Inken sabremos que solo cuenta con una madre; el motivo de ello forma parte de los misterios de la trama. Las relaciones de parentesco, sexuales y reproductivas no necesitan tampoco de los varones. La posibilidad de la reproducción se ha logrado gracias a los avances científicos:

“[…] nuevas niñas vinieron al mundo y crecieron, pero con el tiempo el material genético disponible en los bancos de fertilidad se agotó. La Humanidad se precipitaba hacia la definitiva extinción hasta que la doctora Boysen halló una nueva técnica de ingeniería genética, con la que se lograron gestaciones efectivas con el único aporte de material cromosómico XX”.

Sin embargo, en este mundo sereno y feliz aparece, de pronto, un joven, una especie de Adán que deambula por las calles y es confundido con un androide. Lo detienen y encierran para ser estudiado. Pronto descubrirán que es de carne y hueso, y que no sabe su nombre ni tiene memoria alguna de su pasado. Inken, una de las encargadas de investigar sobre él, lo llamará John.

La presencia de John sorprende y perturba a toda esa sociedad femenina. Se preguntan de dónde ha salido, si es fruto de algún experimento genético, que ya se han intentado antes para recuperar a los varones XY, sin éxito. Dos grupos de mujeres con influencia, las precursoras y las cismáticas, se enfrentan a causa de John. Las precursoras piensan que John supone una grave amenaza para su paz. Este grupo es de tipo religioso en sus creencias y organización. Por su parte, las cismáticas están mucho más abiertas a un posible retorno de los varones.

La autora desarrolla muy bien los problemas personales de las dos protagonistas en su relación de pareja y en sus vínculos familiares. Inken se ha encariñado con John y quiere protegerlo de los peligros que puedan acecharlo. Ella tiene el lastre de un pasado doloroso, con una madre, también investigadora científica, muy despegada en lo afectivo. Pero la propia hija repite los esquemas maternos y dedica muchas horas a su trabajo, lo que se convierte en un motivo de conflicto con Seiya, cuyo deseo es que pasen más tiempo juntas y tener descendencia. Seiya, a su vez, está envuelta en sus propios problemas familiares, sobre todo con su hermana Mei.

El estilo es cuidado, limpio y preciso. Se nota el trabajo de escritura y corrección. Carolina Martínez utiliza muy bien la elipsis narrativa, tan necesaria en las novelas cortas. Deja bastante a la interpretación del público lector, al esbozar tan solo muchos elementos del mundo ficcional, aunque, en ocasiones, esto puede dar lugar a alguna confusión y oscuridad. Ocurre, por ejemplo, con la presencia de los “varones residuales”, que no se sabe si son machos genéticos o varones trans. También llama la atención que existan androides con fines eróticos, se supone que para relaciones de tipo heterosexual. Está claro que en una novelette no se puede construir un mundo con todo tipo de detalles, ni falta que hace, pero esos puntos que señalo parecen, más bien, flecos o hilos sueltos.

El libro me ha suscitado muchas reflexiones en el campo que yo más trabajo, el sociológico y feminista. ¿Ha desaparecido el género en esta sociedad futura? Dejo ahí la pregunta. Se plantea, desde luego, la cuestión de si la violencia se da más en los varones XY por causas biológicas y, en consecuencia, si una sociedad exclusivamente de mujeres sería más pacífica y funcionaría mejor, lo cual supondría que la presencia de los varones XY sería siempre un elemento perjudicial. Y ¿qué hacer entonces? Pero la novela nos lleva a plantearnos si, a pesar de todo, no podría haber una realidad nueva en que convivieran mujeres y varones de un modo más igualitario, justo y no violento que en el pasado. El miedo de las mujeres a perder los derechos conquistados, a los cambios y la otredad, son otros motivos de esta historia, que explican muy bien, por cierto, los problemas que se están dando dentro del feminismo, en su enfrentamiento interno a causa de la ley trans.

El topos de la sociedad exclusiva de mujeres es antiguo. Lo esbozó Christine de Pisan en La ciudad de las damas (1405). Centraron en él sus obras Charlotte Perkins Gilman en Herland (1915), James Tiptree Jr.-Alice B. Sheldon en Houston, Houston, ¿me recibe? (1976) y Vicente Blasco Ibáñez en El paraíso de las mujeres (1922). Aprovecho la coincidencia de que hayan transcurrido cien años exactos entre esta última novela, El paraíso de las mujeres, y Humanas, para señalar que este topos puede ser actualizado, tal como ha hecho Martínez. La autora, además, consigue evitar ese acartonamiento que afecta a las narraciones más antiguas sobre el tema, cuyos personajes resultan muy esquemáticos y poco vivos y creíbles. En esta novela corta que reseño, las mujeres no siempre son bondadosas, hay en ellas zonas oscuras, y la pretendida desaparición de la violencia de la que he hablado y que nos situaría en una utopía, demuestra ser infundada o falaz. Estas mujeres también pueden ser duras, brutales y fanáticas, y usar cualquier método para, supuestamente, protegerse. Me gusta que Martínez haya optado por una sociedad imperfecta, mucho más realista que la utopía acabada.

Lamentaría mucho que Humanas fuese solo leída por mujeres, lesbianas o no. Creo que merece un público más amplio. Sin duda, Les editorial, aunque se dirija a un grupo de lectoras determinado, también aspira a la universalidad de las obras que publica. Estamos ante una novela bien escrita, con personajes muy bien dibujados, buen pulso narrativo y profundidad.

31 de octubre de 2022

"LAS BOSTONIANAS", de Henry James

 Henry James

Las bostonianas

Traducción de Sergio Pitol

Barcelona, Seix Barral, 1986.

 

Publicada por primera vez en 1886, Las bostonianas, de Henry James (Nueva York, 1843-Londres, 1916, estadounidense nacionalizado británico), es una obra, si se me permite expresarlo así, muy decimonónica, con un narrador omnisciente que se presenta de modo abierto como tal. Espléndidamente escrita, ofrece un análisis profundo de sus tres personajes principales, dos mujeres y un hombre, a los que consigue hacer creíbles e incluso complejos pese a que encarnan estereotipos de género muy marcados. El autor de Otra vuelta de tuerca deja patente, una vez más, su calidad y sensibilidad literarias.

La novela supone, también, un documento valiosísimo para conocer los inicios del feminismo y sufragismo en los Estados Unidos, en especial en Boston y Nueva York, y la reacción antifeminista que provocaron.

La historia, como ya he dicho, se centra en tres personajes. Por una parte, Olive Chancellor, de la clase alta de Boston, feminista y sufragista, a la que se describe como joven, aunque da la impresión de ser mayor (de hecho, en la película del mismo título que adapta la novela, dirigida por James Ivory, es interpretada por Vanessa Redgrave, que tenía, entonces, cuarenta y siete años, veintiuno más que la otra protagonista, Verena Tarrant, encarnada por Madeleine Potter). Olive queda fascinada por Verena, hija de un charlatán que mezcla pseudomedicina, esoterismo y política. Verena posee un don excepcional para la oratoria. Chancellor la acoge en su casa y la convierte en su discípula y protegida (previo pago monetario a los señores Tarrant), ya que Verena se muestra muy abierta a aceptar y difundir las ideas feministas de su anfitriona. Tarrant hija es atractiva, sentimental y un tanto ingenua, pero vehemente y apasionada. Se entrega por completo a la lucha de las sufragistas por conseguir el voto y otros derechos para las mujeres.


Entre las dos protagonistas se entabla una intensa amistad, aunque hay una mayor autoridad por parte de Olive, contrarrestada por la dependencia que esta última siente hacia Verena. La sombra del lesbianismo no deja de estar presente, de modo muy soterrado.

Aparece en escena el tercer personaje, Basil Ransom (interpretado en el filme de Ivory por Christopher Reeve), un joven caballero de Mississippi, que luchó por el Sur en la Guerra de la Secesión. Se trata de un hombre muy conservador, incluso reaccionario en sus ideas sociales y políticas, y muy patriarcal. Considera que la mujer le es inferior por naturaleza y que su sitio está en la casa, cuidando del esposo y la familia. Al conocer a Verena, se enamora de ella y la persigue convencido de que acabará por seducirla y por hacerle comprender que no es feminista por iniciativa propia, sino por la influencia de otras personas, y que, en realidad, lo que ella desea es entregarse al amor. Este planteamiento, que Verena “está hecha para el amor”, dado su carácter dulce, sentimental y complaciente, lo repetirá muchas veces a lo largo de la novela. Se muestra muy cortés con la joven, a la que le promete una vida llena de afecto, pero, eso sí, en los límites del hogar.

El juego de poder entre los tres protagonistas se describe de manera minuciosa, en toda su complejidad. Hay otras figuras secundarias importantes, como la hermana de Olive, la señora Luna, mujer convencional y egoísta, decidida a convertir a Ransom en su esposo, y la señorita Birdseye, el único personaje (y en especial la única feminista), que aparece presentada con ternura y respeto, incluso desde la perspectiva de Ransom. Incluso hay un personaje, el joven Burrage, pretendiente de Verena y que apoya la causa feminista, que podría entenderse como un representante de la “nueva masculinidad” de su época. No hay nada nuevo bajo el sol.


Resulta muy difícil no calificar esta obra como antifeminista, dado que la voz narrativa, creada por el autor, valora positiva o negativamente a los personajes, sobre todo, pero no siempre, a través de Ransom.

A Olive la presenta como una mujer fría, dura, estirada, reprimida y bastante neurótica, además de fanática. Una señorita seca y reseca, que solo vive para sus ideas feministas. El tópico de la solterona. Hacia Ransom tiene unos celos intensos, que no demuestran ser infundados. Solo en los últimos capítulos, cuando ella se da cuenta de que está perdiendo a Verena, ahonda más en sus sentimientos.

En cuanto a Verena, la retrata como una joven sumamente influenciable, que se deja convencer por las ideas de Olive Chancellor y de las otras feministas. Es ingenua, espontánea y emotiva, todo lo contrario de Olive. Aunque se resiste, no tarda en sucumbir a la seducción de Basil, pese a conocer sus ideas. Se diría que ha sido hipnotizada y lo sigue como una autómata. En ningún momento parece creerse el feminismo que predica. Más aún, en la obra este se nos presenta como un conjunto de ideas muy abstractas e imprecisas, podríamos decir que buenistas, pura palabrería. Por el contrario, los planteamientos conservadores de Ransom sí que están detallados.

No es que Basil se muestre como un dechado de virtudes. Pero, desde luego, el narrador no siente hacia él la animadversión que destila hacia Olive.

La obra es un magnífico ejemplo del gran tópico del amor romántico como una pulsión irresistible para las mujeres, al que parecen destinadas por naturaleza. No obstante, la lucidez de James no le permite concluir la novela sin una sombra de duda. No se engaña ni engaña a los lectores prometiendo un futuro de dicha perfecta para el matrimonio, después de que Ransom prácticamente rapta a Tarrant.

Invito a leer esta novela como un buen testimonio de su época y a confrontar opiniones con la mía.

 

 

17 de octubre de 2022

EL PARAÍSO DE LAS MUJERES: ¿UTOPÍA FEMINISTA O DISTOPÍA ANTIFEMINISTA?

    

     Vicente Blasco Ibáñez

El paraíso de las mujeres

Valencia, Prometeo, 1922

337 páginas

 

El paraíso de las mujeres

Valencia, Gaspar & Rimbau, 2019

Colección Recuerdos del futuro

453 páginas

Introducción de Alberto García Gutiérrez

 

El paraíso de las mujeres es una novela del escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez, publicada por primera vez en 1922. Se cumplen, pues, cien años desde esa fecha. A lo largo de este siglo ha habido varias reediciones, la más reciente en la editorial Gaspar & Rimbau, con un diseño muy cuidado y con un prólogo de Alberto García Gutiérrez. Este prólogo es una introducción general a la época, vida y obra del autor[i].

La novela cuenta, asimismo, con otro prólogo, en este caso del escritor, donde explica que inició la obra para que sirviera de base al guión de una película que le habían propuesto y se rodaría en Estados Unidos. Sin embargo, aún hoy, sería difícil rodar esa película, salvo contando con efectos especiales. Resultaría mucho más factible un cómic o un filme de dibujos animados.

Resumo el argumento de la obra. Advierto que desvelo bastantes puntos clave, es decir, que hago spoilers. Al acabar este resumen lo indico, para quien no quiera leerlo:

Edwin Gillespie es un joven ingeniero estadounidense, enamorado de miss Margaret Haynes, muchacha de buena familia con una situación económica que no tiene su pretendiente. Ella le corresponde, pero su madre, viuda, niega su consentimiento para el matrimonio. Gillespie decide, entonces, embarcarse hacia Australia en busca de fortuna. El barco en el que viaja naufraga frente a la Tierra de Van Diemen (Tasmania). Gillespie se salva y llega, en un bote, a una playa desconocida. Pronto descubrirá que se encuentra en el mismo territorio que visitó Gulliver en uno de sus viajes, habitado por criaturas de pequeño tamaño.

Pero han transcurrido dos siglos desde la visita de Gulliver y ha habido cambios muy importantes. Entre ellos, varias revoluciones. La primera acabó con las monarquías existentes y desató una serie de conflictos bélicos. Después, se produjo un levantamiento que a Gillespie le parece asombroso: una rebelión femenina que, con ayuda del invento de los rayos negros, inutiliza las armas de los varones y se hace con el control de la sociedad para convertirla en un matriarcado. En este, los varones quedan relegados a una situación de sumisión idéntica a la que ellas sufrían antes.

“Lo primero que acordaron las mujeres fue suprimir las naciones con todos sus fetichismos patrióticos provocadores de guerras. Ya no hubo Liliput, ni Blefuscú, ni Estado alguno que guardase sus antiguos nombres y diferencias. Todos se federaron en un solo cuerpo, que tomó el título de Estados Unidos de la Felicidad. La capital de esta confederación verdaderamente pacífica fue Mildendo […], pero se despojó de su nombre, que databa de los antiguos emperadores, para llamarse en adelante Ciudad-Paraíso de las Mujeres”.

 Esta sociedad nueva, desconocida para un hombre como Gillespie, proveniente de un mundo patriarcal, vertebra toda la novela. Se explora y analiza sus costumbres y personajes, a través de los ojos del visitante. Pero en su seno se está larvando la rebelión inversa, la de los hombres que pugnan por liberarse y recuperar el poder perdido.

Como tramas secundarias, aparecen las relaciones personales del protagonista con algunas de las integrantes de esa sociedad. Y lo que no puede faltar casi nunca, una historia de amor, aquí entre un joven rebelde, Ra-Ra, que es, además, una copia idéntica y minúscula de Gillespie, y Popito, que resulta ser el vivo retrato de su amada miss Margaret Haynes. También hay ciertas disputas literarias y políticas entre las mujeres más reconocidas o poderosas de esos Estados que se presumen tan felices.

Fin del resumen del argumento.

El paraíso de las mujeres es, entonces, una clara recreación y homenaje de/a Los viajes de Gulliver (1726) de Jonathan Swift. Las dos son sátiras, aunque en la obra de Blasco Ibáñez predomina el humor y la diversión, mientras que en Swift hay una crítica y una amargura en su reflexión sobre la naturaleza humana que sorprenden a quienes leen el libro pensando que se trata de literatura juvenil o hasta infantil.

Aunque tiene elementos de ciencia ficción, como los “rayos negros” y los “anti-rayos negros”, además de otros artefactos que dan una deliciosa ambientación steampunk, El paraíso de las mujeres es sobre todo una historia de fantasía o de lo maravilloso, justamente al estilo de Jonathan Swift, porque prima aquello que excede y contraviene las leyes naturales, empezando por el tamaño diminuto de las/os habitantes del territorio al que llega el viajero náufrago. Hay que añadir la similitud fisonómica entre Gillespie y Ra-Ra, o Popito y miss Margaret. Más que la especulación, que la hay, prima la sátira y lo humorístico. Los esquemas principales de la obra repiten los que aparecen en la historia de Gulliver: hay un viaje por mar del protagonista masculino, que naufraga y consigue alcanzar una costa desconocida y un mundo asombroso, ya no solo por las dimensiones de sus pobladores, a quienes puede llevar en un bolsillo o situar en la palma de su mano, sino por la organización de su sociedad. El forastero, lleno de extrañeza (elemento este, por cierto, también característico de la ciencia ficción) explora ese mundo tan diferente al suyo. Habrá cosas que le causen admiración y otras que le produzcan rechazo. Este mecanismo es usado en obras como Herland (1915), de Charlotte Perkins Gilman, o La mano izquierda de la oscuridad (1969), de Ursula K. Le Guin.

El esquema del mundo al revés o la inversión tampoco es nuevo, ni siquiera cuando se aplica al cambio de una sociedad patriarcal por otra matriarcal. De hecho, esta última inversión suele aparecer con relativa frecuencia, desde Aristófanes (Las asambleístas o La asamblea de las mujeres, año ─392) hasta los cómics de Astérix (Astérix, la rosa y la espada, nº29).

Este recurso literario de la inversión puede tener distintos objetivos:

Realizar una crítica sobre la presunta naturalidad de una estructura social determinada, normalmente de poder o de opresión. Así, se nos hace ver que no es natural o consecuencia de un destino biológico que una parte de la sociedad, por ejemplo los varones, oprima a la otra, las mujeres. Si en una realidad alternativa hay una organización diferente y contraria, entonces no hay nada en la naturaleza que justifique la superioridad de un sexo/género sobre otro, ni son naturales los estereotipos de género.

Relacionada también con la anterior, mostrar lo injusto de una discriminación o subordinación. Así lo hace Angélica Gorodischer en Opus dos, historia en la que son las personas negras las que tienen posiciones relevantes en la sociedad y las personas blancas las discriminadas. Es precisamente al confrontar lo que conocemos y lo que leemos cuando logramos ver la injusticia o la no naturalidad. Se nos hace patente lo que se mantiene por inercia, por inconsciencia o incluso negación abierta de su realidad (negación del patriarcado, por ejemplo).

─Pero el mecanismo de la inversión también puede tener como objeto una ridiculización que reafirma más el estatus opresivo existente. Se pretende evidenciar lo absurdo y risible que sería un mundo opuesto a nuestro “orden natural”. Podríamos, eso sí, considerar ese mundo al revés como una evasión puntual y jocosa de la realidad, como esas fiestas en que, una vez al año y en ciertas localidades, pasan a mandar las mujeres por un día. A la jornada siguiente, la normalidad se restablece.

¿Se está burlando Blasco Ibáñez del feminismo mediante una caricatura? Parece que sí, pero se mantiene cierta ambigüedad. No hay una crítica tan acerba como la de Henry James en Las bostonianas (1886). Hay varias posibles lecturas, más allá de la presunta intención del autor, que no queda tan clara y que, en todo caso, no impediría que su obra se leyese de otra forma a cómo él la proyectó.

Por otra parte, resulta lógico pensar que Blasco Ibáñez, ferviente republicano, aprovechase para defender este sistema político frente a la monarquía. Llama la atención también el pacifismo de la nueva sociedad que Gillespie encuentra. Más aún, el ejército que existe en este Paraíso de las Mujeres parece de juego, solo con armas blancas y mucho postureo, pero pocas ganas de hacer la guerra. Escrita entre los dos grandes conflictos mundiales del siglo XX, quizás el horror de la Primera Guerra influyó en el escritor; en cualquier caso, es un elemento muy interesante en una sociedad solo de mujeres.

Además, la novela podría interpretarse metafóricamente, no solo como feminista o antifeminista, sino como la muestra hiperbólica (o no tan hiperbólica) de lo que ocurre en tantas revoluciones. El deseo de acabar con la injusticia, las jerarquías, la opresión y la explotación dan lugar a una inversión de las posiciones, no a una sociedad alternativa y mejor. Los que estaban abajo y se sitúan arriba se vengan de sus antiguos opresores; estos, ahora oprimidos, planean su liberación, pero es para volver a la situación inicial. El esquema de poder y sometimiento se mantiene intacto, solo cambian quienes ocupan uno y otro lugar. La estructura está destinada a rehacerse una y otra vez, a perpetuarse.

Encontramos en el libro otro tema muy distinto: una divertida sátira sobre los literatos cuyos egos quedan enfrentados. El autor aprovechó para reírse un poco de las disputas y conflictos del mundillo literario que conoció.

Volviendo a la inversión de roles de sexo/género, está muy bien presentada, ya que las mujeres que ocupan las posiciones de poder y ejercen los trabajos antes masculinos repiten asimismo los papeles y estereotipos más tradicionales de los varones: por ejemplo, las soldados, oficiales y marineros se comportan de forma descarada, incluso soez, abordando a los hombres, muy pudibundos, de una manera bastante irrespetuosa. Ellos van muy tapados, con velos, y muchos de ellos consideran que su sitio es el hogar y su principal tarea el cuidado de su esposa trabajadora y de sus criaturas. Cuando conocen la existencia de un intento de rebelión masculina, una rebelión emancipatoria y que pretende recuperar su situación antigua, habrá hombres que se escandalicen de tal intento antinatural.

Eso sí, este mundo al revés produce cierta confusión para quien lee, ya que el autor se refiere en ocasiones a las mujeres en masculino y a los hombres en femenino. Ellos van vestidos de modo tradicionalmente femenino, pero pueden tener barba: son las “matronas barbudas”. Es una experimentación lingüística que habría que mostrar a todas aquellas personas que se burlan de las apuestas por un lenguaje no sexista. Blasco Ibáñez se inventa neologismos a la hora de imaginar la rebelión de los varones: “Algunos jovenzuelos audaces forman agrupaciones con el nombre de Partido Masculista. Su doctrina la titulan el Varonismo”.

La voz narrativa también se mofa de las/os habitantes del Paraíso de las Mujeres, por su tamaño diminuto. Los llama pigmeos y el autor les impone unos nombres a veces ridículos, como en el caso de Popito. Gillespie, el Hombre-Montaña, el Gigante, el Gentleman, se presenta como muy superior a sus anfitrionas/es, y no solo por estatura. Cuando su traductora, a la que se llama “el profesor Flimnap”, se enamora de él, solo recibe burla por parte del narrador.

El final de la novela queda abierto, puesto que Gillespie consigue escapar de ese territorio donde prácticamente se había convertido en prisionero. Sí hay algunos hilos argumentales que se cierran y, de ellos, dos tienen que ver con el amor romántico. Si la suerte amorosa del viajero-náufrago cambiará, todo lo contrario les sucede a Popito y Ra-ra. Más allá de este final desdichado, lo cierto es que la joven Popito se ha enamorado de Ra-ra, a pesar de darse cuenta de su resentimiento hacia las mujeres y de su deseo de que el patriarcado renazca. Ella no aboga por una sociedad igualitaria. Solo piensa en entregarse a su pasión. Y lo mismo le ocurre al “profesor” Flimnap, enamorada de Gillespie. El estereotipo de las mujeres que pierden por completo el control de su voluntad y la racionalidad sobre sus derechos a causa del amor romántico se mantiene. Ese sentimiento es una pulsión irresistible. Justo igual que en Las bostonianas de Henry James.

¿Estamos ante una utopía feminista o ante una distopía antifeminista? Resulta difícil asegurar lo primero, ya que la sociedad matriarcal es autoritaria y somete a los varones, igual que ellos hicieron con las mujeres. Estas llegan, incluso, a borrar la historia anterior y rehacerla, atribuyendo a mujeres logros y hazañas masculinos. La manipulación del pasado es típicamente distópica.

 Sin embargo, yo creo que sí hay un intento de utopía, la que las mujeres buscan al crear su nueva sociedad y desterrar, por ejemplo, la guerra. Ellas han conseguido liberarse y se organizan perfectamente solas; recurren a los avances tecnológicos, no tienen dificultad en dedicarse a cualquier tarea, oficio o profesión, ni en detentar cargos políticos y académicos, ni en solucionar problemas. Su mayor error es haber sometido a los varones, sin ser conscientes de que eso producirá una nueva revolución, ahora en su contra.

 La obra de Blasco Ibáñez se inserta también en una tradición de sociedades exclusivamente femeninas, que pueden ser vistas como utópicas o como perversas. Cuando se trata de utopías, hay que dejar claro que esta exclusividad no se debe necesariamente a un odio hacia los hombres o deseo de revancha.

Claro que, la novela pudo, me temo, contribuir a esa visión del feminismo como lo opuesto al machismo, como un deseo de someter y subordinar a los varones (algo totalmente falso) y de las feministas como vengadoras fanáticas a quienes impulsa ese odio y rencor hacia los hombres. Esto supone un sesgo importante, que, un siglo después, todavía permanece.

La misoginia por parte de la voz narrativa queda muy clara en ocasiones:

“Avanzó primeramente un grupo de doctores jóvenes, que eran muchachas en traje masculino, llevando como único emblema de su grado el gorro universitario. Algunas de ellas, esbeltas y gallardas, tenían un andar marcial que revelaba su afición a los deportes, pero las más mostraban cierto parentesco físico con el doctor Flimnap. Las había enjutas de cuerpo, con un gesto ácidamente triste, como si el fuego del saber hubiese consumido en su interior toda gracia femenina. Otras eran gruesas, pesadas y miopes, contemplándolo todo con asombro infantil, lo mismo que si hubiesen caído en un mundo extraño al levantar su cabeza de los libros”.

Al igual que ocurre con Las bostonianas, El paraíso de las mujeres es un documento muy valioso para conocer la época en que el feminismo empezó a extenderse por Estados Unidos (país que Blasco Ibáñez visitó en los años en que se publica esta novela). Y, como reacción inevitable, el antifeminismo.

Lola Robles

[i] Añade el prologuista referencias a otras obras en las que aparecen sociedades dominadas por mujeres. Quizás la única carencia de este texto preliminar es que no aborde con mayor profundidad la novela en sí.

26 de abril de 2022

"EL MANANTIAL" DE AYN RAND

 

Ayn Rand

El manantial

Barcelona, Planeta, 2019.

864 páginas.

 

Termino de leer/escuchar la novela El manantial, de Ayn Rand. He tardado bastante, no solo por su larga extensión (advierto que es un tocho de más de 800 páginas, que, convertidas en audiolibro, dan treinta y dos horas de escucha), sino por otras circunstancias que no vienen al caso y que han hecho más lenta mi lectura. En estos tiempos apresurados donde hay tanta oferta de libros y tantos títulos pendientes en nuestra lista personal, soy partidaria, sin embargo, de no dejarse asustar por los gruesos volúmenes, tan queridos en otras épocas, sobre todo si, como en este caso, literariamente merecen la pena.


De Rand ya había leído/escuchado una novela breve, Himno, que en la edición que pude encontrar en ese momento se titulaba Vivir o ¡Vivir! (Barcelona, Luis de Caralt, 1954). Himno se publicó por primera vez en 1938, en inglés y en Estados Unidos, con el título Anthem. Personalmente, esta novela me parece mejor escrita y hasta más dinámica y legible que la muy conocida Nosotros (1920) de su compatriota Yevgueni Zamiatin. Ambas son distopías sobre el totalitarismo y tienen muchos elementos en común. Aunque la ventaja de la ciencia ficción está en que sus propuestas narrativas pueden aplicarse no solo a las realidades que conocemos, sino a cualquier otra posible y similar, no cabe duda de que las novelas de Zamiatin y Rand son una profunda crítica del totalitarismo soviético, además de servir como documentos históricos de una época, la de los totalitarismos en Europa, precisamente: ahí tenemos también, por supuesto, 1984, de George Orwell, o Fahrenheit 451, de Ray Bradbury.

Ayn Rand fue el seudónimo de Alisa Zinóvievna Rosenbaum, nacida en San
Petersburgo en 1905. Su familia era judía, aunque no practicante (y ella, atea). Estudió filosofía e historia en la universidad de su ciudad natal y siempre se sintió atraída por los Estados Unidos y el mundo del cine, de tal modo que consiguió emigrar allí, huyendo del régimen soviético, a principios de 1926. Después de pasar unos meses en Chicago, con unos familiares, marchó a Hollywood en un intento de trabajar como guionista. El director y productor cinematográfico Cecil B. DeMille le dio una oportunidad como extra. Conoció entonces a Frank O´Connor, con quien se casó en 1929. Poco después obtuvo la nacionalidad estadounidense. En Estados Unidos, un país que admiraba con fervor, residiría hasta su muerte en 1982.

En 1936 se publica su obra Los que vivimos, que contiene elementos autobiográficos. En 1938, Himno. En 1957, La rebelión del Atlas, donde expone de nuevo su pensamiento filosófico objetivista e individualista. También destaca su ensayo La virtud del egoísmo (1964), otro manifiesto de su ideología ultraliberal.

El manantial (The Fountainhead, 1943) es una novela ideológica, de tesis, que la autora utiliza para plasmar su filosofía de vida a través de los personajes. Se filmó una película con el mismo título, en 1949, dirigida por King Vidor e interpretada por Gary Cooper y Patricia Neil.

Poco tengo que ver con Rand en cuanto a ideas sobre el mundo y la sociedad. No obstante, hay algunos puntos de su pensamiento que me han resultado valiosos y que comentaré. Sobre todo, Rand me gusta como novelista, en las dos obras suyas que he leído. Y pienso seguir con otras. Me gusta su estilo y la creación de tramas y personajes, bastante complejos estos últimos, pese a los estereotipos de la época. Además, trabajaba durante años sus obras.

El manantial está protagonizada por Howard Roark, un joven arquitecto que encarna el modelo de vida y el modo de pensar de la escritora-filósofa. Es el héroe de la historia, al contrario que su colega Peter Keating o el periodista Ellsworth Toohey. Keating es un hombre sin talento, sin aptitudes para una verdadera creatividad, además de manipulable y muy pendiente de la opinión ajena. En cuanto al periodista Toohey, representa la defensa del altruismo que tanto incomodaba a Rand y muestra cierta hipocresía en su conducta.

Mención aparte merecen los personajes de Dominique Francon y Gail Wynand. El segundo, empresario de medios de comunicación, es también, como Howard Roark, un hombre hecho a sí mismo, aunque carece del espíritu rebelde y la fortaleza que Roark lleva a su máxima expresión. Wynand será amigo de Roark y esposo de Dominique Francon. Ella es una figura que, desde el primer momento, me ha parecido muy destacable y bastante original. Digna compañera de Roark, se casará, no obstante, primero con Peter Keating y, después, con Gail Wynand, iniciando, en este último caso, un curioso trío de amistad y amor muy poco habitual. Como mujer, no parece que pueda ganarse la vida (al nivel social que pretende y dentro de la clase a la que pertenece) por sí sola, de modo que su única posibilidad es un buen matrimonio. Lo sabe y no cae en ningún tipo de romanticismo, tampoco en ambición. Se trata, simplemente, de una evidencia, una situación insoslayable. Dominique Franco no es la heroína del libro y Rand no era, para nada, feminista. Solo imaginó un personaje femenino con la suficiente fuerza para enamorar a Roark, con quien vive una pasión bastante intensa, aunque de cumplimiento aplazado y con una relativa libertad, sin celos. Nos encontramos, ya digo, ante una mujer potente, poco convencional pese a todo, muy distinta de Katherine, la sobrina de Toohey, primera novia fiel y abnegada de Peter Keating, quien la abandona sin ni siquiera caer en la cuenta de que lo hace (se olvida de ello, incluso, esto es literal). Rand era una de esas mujeres de ideología muy conservadora en muchos aspectos, pero que no se amilanaban ni dejaban someter, aunque apoyaran (o no les importase mucho o nada, creo que este es el caso) la opresión de muchas otras.

La escritora ruso-estadounidense maneja bastantes más personajes y lo hace muy bien. Escribió en la época de las novelas psicológicas, con una profundización y una morosidad que ahora apenas serían aceptables.

Sé que se recela de Rand por su ideología ultra liberal. Sin embargo, merece la pena conocerla y leerla como a una novelista clásica y también de ciencia ficción, y como a una pensadora que ha influido de manera notable en la sociedad de los Estados Unidos.

Dije antes que había algunos aspectos del modo de pensar de Rand que me parecían válidos. Por ejemplo, el no amoldarse a las opiniones y valoraciones ajenas, y actuar según nuestros propios principios. Claro que en su pensamiento resulta básico la antítesis entre lo individual y lo social o colectivo, entre altruismo y un egoísmo “racional”. Resulta fácil sentir cierta simpatía por Roark y antipatía por Keating y Toohey. Por supuesto, la autora carga mucho las tintas en su valoración negativa de todo y todos aquellos que se oponen a sus ideas. Su visión de lo colectivo y común está muy sesgada, aunque refleja muy bien los movimientos de la gente como masa. Creo que Rand se hubiera horrorizado en este tiempo de las redes sociales. Pero el individualismo y la libertad radical que Rand pretende son muy difíciles de llevarse a cabo de manera general y extensa, puesto que una sociedad se compone de muchas personas y no todas podríamos ejercer por igual esa libertad: por incapacidad personal, por falta auténtica de posibilidades para ello y porque chocaría con los derechos de otras. En ese sentido, se trata de una propuesta claramente elitista a nivel social. Otra cosa es que pueda servirnos en el plano personal.

Anticomunista y antisoviética acérrima, Rank se oponía a la intervención del Estado, salvo de modo muy excepcional y mínimo. Se la ha convertido en un icono de cierta derecha procapitalismo y neoliberalismo, además, supongo, de inspirar a libertarios de derecha, que haberlos, haylos. Claro que convertir en biblia sus obras resulta totalmente contradictorio con sus propuestas de que una persona debe pensar por sí misma sin someterse a consignas y credos ajenos.

Hace no mucho leí un libro de ensayo divulgativo, El fuego de la libertad: la
salvación de la filosofía en tiempos de oscuridad
, 1933-1943, de Wolfram Eilenberger (ed. Taurus, 2021). En él trata sobre Ayn Rand, Simone de Beauvoir, Hannah Arendt y Simone Weil, filósofas del siglo XX no suficientemente reconocidas aún, en comparación con pensadores varones. Las cuatro vivieron y empezaron a escribir en tiempos muy difíciles, sobre todo alrededor de la Segunda guerra Mundial. Poco tiempo que ver con Rank con Weil, que es justo todo lo contrario de ella, el altruismo o la entrega a los demás llevadas a su extremo, o con Hannah Arendt, salvo por ser judías. Como Emma Goldman, recuerdo, otra mujer nacida en el Imperio Ruso y emigrada a Estados Unidos, años antes que Rand, con una ideología tan opuesta a la escritora de San Petersburgo como podía serlo la de Simone Weil. ¿Hay que leer y analizar, hay que dar visibilidad a pensadoras como Rand? Por supuesto que sí, en especial si escriben ciencia ficción, con la visión crítica que ella preconizaba.

10 de marzo de 2022

LECTURAS RECOMENDADAS DE AUTORAS DE GÉNEROS NO REALISTAS (CIENCIA FICCIÓN, GÓTICO Y FANTASÍA)

Autoras anglosajonas:

Octavia Butler (USA, 1947-2006)

Parentesco, Editorial Capitán Swing, 2018.


-Ángela Carter (Gran Bretaña, 1940-1992)

La cámara sangrienta, Sexto piso, 2017.


-Anna Kavan (Cannes, nacionalidad británica, 1901-1968)

Hielo, Trotalibros, 2021.


-Ursula K Le Guin (USA, 1929-2018)

La mano izquierda de la oscuridad, Minotauro, 2020.

Los desposeídos, 2020.


                                        Autoras latinoamericanas:

-Angélica Gorodischer (Argentina, 1928-2022)

Trafalgar, Sportula, 2022.

-Giovanna Rivero (Bolivia, 1972)

Tierra fresca de su tumba, Barcelona, Candaya, 2021.

-Maielis González Fernández (Cuba, 1989)

De rebaños o de pastores, Cádiz, Cazador de Ratas, 2020.



                                                 Autoras españolas:


-Ana María Matute (España, 1925-2014)

Olvidado Rey Gudú, Destino, Barcelona, 2018.

-Pilar Pedraza (España, 1951)

Lucifer Circus, Valdemar, 2010.

-Conchi Regueiro (España, 1968)

La luna para damas, Apache Libros, 2021.

-Aranzazu Serrrano Lorenzo (España, 1975)

Neimhaim, Fantascy, 2015.

-Ana Tapia (España, 1974)

Las ovejas radiactivas de Kolimá, Cádiz, Cazador de Ratas, 2018.


                              Antologías de ciencia ficción de autoras españolas:

-Antología histórica de autoras españolas de ciencia ficción en dos volúmenes Distópicas y Poshumanas, edición de Teresa López-Pellisa y Lola Robles, León, Eolas, 2020.


-Antología de relatos Proyectogénesis: relatos de la matriz artificial, edición y prólogo de Lola Robles, Madrid, Enclave de Libros, 2018. Cuentos de: María Angulo Ardoy, Teresa P. Mira de Echeverría, Chus Álvarez, Conchi Regueiro, Nieves Delgado y Cristina Jurado.


-Antología de artículos de ensayo Hijas del futuro: literatura de ciencia ficción, fantástica y de lo maravilloso desde la mirada feminista, Bilbao, Consonni, 2021.



Ensayo divulgativo sobre géneros no realistas:


-Lola Robles,  En regiones extrañas, Cádiz, Cazador de Ratas, 2018.