Podéis leer buenas narraciones en la Biblioteca de Relatos.

28 de octubre de 2008

LAS OTRAS: FEMINISMO, TEORÍA QUEER Y ESCRITORAS DE LITERATURA FANTÁSTICA

(Este artículo fue una comunicación presentada en el I Congreso Internacional de Literatura Fantástica y de Ciencia Ficción, celebrado del 6 al 9 de mayo de 2008 por la Universidad Carlos III de Madrid.
Podéis ver el video con mi conferencia en el vínculo que pongo a continuación, lo único que tengáis en cuenta de que somos tres conferenciantes y yo hablo la segunda, tras la investigadora griega que da su charla en inglés. El vínculo es: I Congreso Internacional de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción: Mesa de comunicaciones “Literatura fantástica, de ciencia ficción y feminismos”: Agape Virginia Spyratou, Lola Robles Moreno, Elisa García McCausland.)

Hace unos meses cayó en mis manos la antología Obras maestras: la mejor ciencia ficción del siglo XX, seleccionada por Orson Scott Card (2007). Partiendo de la evidencia de que es imposible recoger en un solo volumen “la mejor ciencia ficción del siglo XX”, tuve la curiosidad de comprobar a qué autores había elegido Card, y cómo no, ya que llevo años tratando de estudiar la presencia de mujeres en la literatura fantástica, cuántas escritoras aparecían entre los seleccionados. No me sorprendí al comprobar que eran 4 frente a 24 autores varones: Ursula K. Le Guin, C.J. Cherryh, Karen Joy Fowler y Lisa Goldstein. Menos de un 15%. Sin poder creer que ese porcentaje correspondiera a la realidad, consulté la obra de Miquel Barceló (1990) Ciencia ficción: guía de lectura, una referencia para mí imprescindible. Allí constaté de nuevo que entre los 98 autores mencionados únicamente había 14 mujeres: ni un 15% tampoco. Repasé las autoras citadas por Barceló, todas pesos pesados: Marion Zimmer Bradley, Lois Mcmaster Bujold, Octavia Butler, C. J. Cherryh, Ursula K. Le Guin, Anne McCaffrey, Vonda McIntyre, Andre Norton, Joanna Russ, James Tiptree, Jr., Pamela Sargent, Joan D. Vinge, Kate Wilhem y Connie Willis.

Faltaban desde luego otras como Leigh Brackett, Suzy Mckee Charnas, Catherine L. Moore, Zenna Henderson, Judith Merrill, Sheri S. Tepper, Julian May, Suzette Haden Elgin, Chelsea Quinn Yarbro, Eleanor Arnason, Elizabeth Moon, Nancy Kress, Lisa Tuttle, Nicola Griffith, Angela Carter o Tanith Lee. Tampoco nombra Barceló (creo que con buen criterio, pues de hacerlo su labor hubiese sido mucho más ardua aún) a escritoras turistas en la ciencia ficción (en adelante CF), como Doris Lessing o P. D. James, o claramente dentro de la fantasía (tipo Margaret Weis, sus dragones y el largo etcétera de autoras similares que la siguió).

Curiosamente, y volviendo a la antología seleccionada por Scott Card, éste, pese a sólo recoger cuatro autoras, dice en el prólogo: “Me desconsuela la lista de escritores que no están representados: Bruce Sterling, Connie Willis, Lucius Shepherd, Lois McMaster Bujold, Norman Spinrad, Clifford Simak, Vonda McIntyre, Octavia Butler, David Wolverton…”. Curiosamente, digo, porque aquí menciona a 4 autoras frente a 5 escritores varones, prácticamente mitad y mitad.

Pero, aunque a quienes queremos recuperar a cuantas autoras han podido y puedan existir nos duela reconocerlo, hay una realidad empírica: las mujeres hemos sido una minoría, tanto escritoras como lectoras, en el género de CF. ¿Ocurre lo mismo con el resto de géneros fantásticos? Creo que no, que en la literatura de fantasía, fantástica clásica, gótica o de terror, ha habido más mujeres que la leen y escriben.

¿Por qué? Hay que repetir que la CF suele asociarse a obras sobre ciencia y tecnología, dominios hasta no hace tanto tradicionalmente masculinos. Sin embargo siempre ha habido una CF interesada por los temas sociales, políticos, humanos, lingüísticos, muy crítica con la realidad en la que vive, y que presenta alternativas a esa realidad. ¿Por qué tan pocas escritoras han aprovechado esas posibilidades?

Otra causa puede estar en que, desde fuera del género y por desconocimiento, se lo asocia a un cine en que predomina la acción y la violencia, y se entiende que más bien es literatura para jóvenes. Voy a añadir una hipótesis más, sabiendo que ninguna explica todos los motivos: la CF se vincula asimismo con la aventura, el viaje, la exploración espacial, la colonización de otros mundos, o incluso la guerra con otras especies. Son éstos terrenos que las mujeres, durante muchos siglos, apenas hemos podido ocupar, de igual modo que los libros de aventuras fueron escritos en su gran mayoría por varones. Sin embargo la literatura fantástica (clásico, terror, gótico), puede desarrollar sus acciones en espacios mucho más limitados que los de la aventura: edificios (castillos, sí, pero éstos tienen paredes), y ámbitos domésticos, límites a los que las mujeres hemos sido acostumbradas. En cualquier caso, hemos tenido más hábito de visitar los cementerios que de escalar el Everest.
Claro que eso ha cambiado para las nuevas generaciones de mujeres. La presencia de personajes femeninos con todo tipo de profesiones y actividades se va extendiendo (recuerdo como ejemplo la novela Marte rojo (1993), de Kim Stanley Robinson, cuyas protagonistas ocupan también ya el mismo espacio literario que los varones), y se hace patente esa salida del hogar y de los recintos. De las salidas del armario hablaremos más tarde.

«¿Hacia dónde se dirige un género que retrata con mayor verosimilitud a los extraterrestres que a las mujeres?», pregunta Nicola Griffith al comienzo de su artículo (2006) “Los nuevos alienígenas de la ciencia ficción”, publicado en la revista española Gigamesh. Luego de un repaso muy interesante sobre el tratamiento que la CF ha dado a los monstruos, Griffith recuerda también la visión acerca de las mujeres, incluidas las lesbianas, y de los homosexuales.

Realmente es curioso que la CF, que tanto interés ha mostrado en explorar las relaciones con el otro alienígena, extraño por fuerza, y ha usado esas historias como espejo de nuestro propio mundo, no haya sabido qué hacer, a lo largo de demasiados años, con las mujeres, y con las personas de sexualidad e identidad de género distinta a la normalizada. El resultado es desconocimiento = estereotipos = pobreza literaria.

La literatura fantástica tampoco escapa a la marginación, silenciamiento y olvido de muchas escritoras, pero por diversas razones parece haber tenido más éxito que la CF entre las lectoras; según José Antonio Navarro seleccionador de la antología (2007) Venus en las tinieblas: relatos de horror escritos por mujeres:

“La literatura fantástica y de terror consiguió rápidamente un puesto destacado entre los gustos literarios de las mujeres –junto a los melodramas románticos y las novelas históricas–, porque las trasladaba a lugares exóticos y misteriosos, les hacía vivir aventuras increíbles sin correr riesgo y, además, alimentaba su fascinación por lo sobrenatural y lo macabro, oponiendo lo imposible a la razón. O, como señala Julia Kristeva, las enfrentaba con aquellos elementos que se encuentran en el límite de los inconscientes, nuestro lado tenebroso y primigenio no del todo reprimido u oculto. Era una forma de vulnerar las rígidas estructuras patriarcales que han delimitado sus funciones como esposas y madres.”

Desde esa otredad que nos ha definido mucho tiempo a las mujeres, ha habido que esperar a que nosotras mismas, y sin duda algunos varones con más apertura mental, escribiéramos todo tipo de literatura fantástica.

Puede ser muy valiosa la existencia y publicación de antologías de escritoras; en nuestro país se han publicado algunas que recogen fundamentalmente a anglosajonas: Mujeres y maravillas (1977); Desde las fronteras de la mente femenina (1986); Relatos de fantasmas: escritoras del siglo XX (1988); La piel del alma: relatos de terror femenino (1992); La Eva fantástica: de Mary Shelley a Patricia Highsmith (2001); Venus en las tinieblas: relatos de horror escritos por mujeres (2007).

Lo que me sorprende es que no haya habido una antología de creadoras fantásticas que escriban en castellano, pues, aunque en España no sería fácil encontrar suficientes autoras para ella, sí las habría incluyendo a las latinoamericanas. Pero tal vez habrá que esperar. Después de tres años impartiendo un taller sobre literatura fantástica en el que he tratado de incluir autoras de diversas nacionalidades y estilos, especialmente en español, todavía no me he acostumbrado a que me pregunten: ¿pero vas a continuar con ese tipo de literatura?, como si fuera una excentricidad que algún día, tras recapacitar debidamente, abandonaré para volver a la literatura seria.

El problema no está ni mucho menos en que las autoras no gusten, sino en una especie de prejuicio anti-fantástico del que es difícil liberarse. El trabajo de difusión de estas escritoras debe hacerse pues no sólo para dar a conocerlas, sino para reivindicar el género en sí mismo.


¿Feminismo = subversión en la narrativa fantástica escrita por mujeres?
Hago esta pregunta porque, en contra de lo que, me temo, suele suponerse, las escritoras feministas que abordamos los géneros fantásticos solemos ser extraordinariamente educadas y pacíficas, incluso en nuestra radicalidad. Pocas veces nos dejamos llevar por la ira o el exceso verbal, y ni mucho menos por el deseo de venganza. Nombres como Ursula K. Le Guin entre las anglosajonas, o Angélica Gorodischer en América Latina, encabezan a un buen número de autoras de CF que plantean los conflictos entre mujeres y varones, pero desde una perspectiva que subjetiva y metafóricamente llamaré luminosa, por su racionalidad.

Hay muchos otros ejemplos: obras que son revisiones de un pasado más o menos histórico: Marion Zimmer Bradley en Las nieblas de Avalon, o Jean M. Auel en la larga serie iniciada con El clan del oso cavernario, antiutopías como El cuento de la criada, de Margaret Atwood, o Lengua materna, de Suzette Haden Elgin, o parodias como Consecuencias naturales, de Elia Barceló. Asimismo, la española residente en México Blanca Martínez, o la cubana residente en USA Daína Chaviano, han creado universos ficcionales en los que el protagonismo femenino es fundamental, donde recuperan y rehabilitan a las brujas en su antiguo papel de sanadoras, o donde lo mágico y las fuerzas sobrenaturales son un elemento más de la realidad.

Dentro de este amplio espectro, incluyo también a una autora como Joanna Russ, y su ya clásica obra feminista de CF El hombre hembra, de 1975, muy cercana al ensayo, que trata sobre el conflicto entre géneros en varias sociedades patriarcales, incluyendo un mundo alternativo en el que sólo viven mujeres, topos de la CF que merecería una exploración más detallada y aparece también en “Houston, Houston, ¿me recibe?”, de 1976, de Alice Sheldon-James Tiptree, Jr. Tanto Russ como Tiptree-Sheldon pertenecen a una generación de feministas que llegó a plantearse que una sociedad sólo de mujeres tal vez no tendría los errores y problemas del mundo conocido por ellas. Sería muy interesante asimismo hacer un estudio de las diferentes visiones que han tenido escritoras feministas según y dentro de la generación en la que han nacido: no puedo dejar de mencionar aquí a la reciente premio Nobel Doris Lessing, quien en su obra de CF Los matrimonios entre las Zonas Tres, Cuatro y Cinco, de 1980, plantea los conflictos entre mujeres y varones, desde una postura me atrevería a decir conciliadora.

Todas estas autoras han escrito con visiones feministas críticas y subversivas del orden patriarcal, pero vuelvo a hacer incidencia en su falta de auténtica mala leche; no hay para nada el vitriolo de las visiones misóginas.

Si he hablado de unas autoras fantásticas luminosas, ello conlleva el polo opuesto, lo oscuro, ya que la luz es la mano izquierda de la oscuridad. Pienso que la CF suele tender siempre hacia la claridad, lo racional (con excepciones como el ciberpunk), pues es una literatura de ideas, de especulación imaginativa. Dentro de lo fantástico clásico, lo gótico y el terror, es más fácil desde luego encontrar afición hacia lo oscuro, y hasta fascinación por lo perverso, lo que supone muchas veces trasgresión al ser un desorden, una ruptura con lo debido. Por ejemplo en damas refinadas, cultas y ricas como Daphne Du Maurier, quien, más allá de sus famosas novelas, escribió unos relatos que dejan un poso de inquietud, desasosiego, que es el mejor regusto de lo gótico y lo fantástico.

También son británicas otras dos autoras que quiero destacar en este lado oscuro: Angela Carter, quien en La cámara sangrienta, de 1979, reescribe al modo gótico cuentos de hadas y tradicionales, deconstruyendo su contenido latente (sobre todo, la formación de la identidad femenina) y subvirtiéndolo. La escritura de Carter es muy elaborada, densa, barroca, con imágenes muy poco convencionales de una belleza extrema, y con un juego de motivos literarios muy complejo y polisémico.

Y Tanith Lee, de la cual recomiendo la lectura de El Señor de la Noche, de 1978, e Hijos de lobos, de 1981, magnífico relato sobre la marginación social, en el que se demuestra que los licántropos no son ni mucho menos las criaturas más peligrosas dentro de una comunidad humana. La prosa de Lee es también deslumbrante en sus imágenes, y su ironía, su placer al jugar con el mal y lo perverso, y la crítica social que va entreverando, me recuerdan a la española Pilar Pedraza, la mejor entre las/los escritores fantásticos en nuestro país. Su obra es a la vez divertida y un bocado de gourmet; ajena a intereses comerciales, y especialmente dedicada a lo extraño, lo cruel, lo ambiguo, macabro, monstruoso, transgresor.

También es transgresora, por su radical subjetividad, sus visiones surrealistas, alucinadas a la vez que bellísimas, una obra como Hielo, de Anna Kavan. Hielo parece una antiutopía de CF, una epopeya apocalíptica, en la que hay una clara visión antipatriarcal, antimilitarista y ecologista, pero es al tiempo una alegoría donde se encriptan otros contenidos, otras historias (¿sobre la imposibilidad de un amor auténtico? ¿sobre la demencia? ¿sobre la droga, a la que Kavan fue adicta durante gran parte de su vida? ¿sobre el mundo como una realidad hostil que nos machaca a los humanos, pero del cual la autora, en la ficción, puede vengarse, aniquilándolo?) A través de una lectura perturbadora, Hielo nos lleva a «una zona de extrañeza total».


Híbridos, ciborgs, hermafroditas, trans, monstruos, menstruos: escritoras fantásticas y teoría queer

Aquí he de repetir que me sigue sorprendiendo que géneros como los fantásticos, que desafían la concepción normal, racional y natural de la realidad, hayan obviado tan sistemáticamente el tema de la identidad sexual humana. En general, la sexualidad no ha tenido nunca un papel destacable en la CF, no sé si debido a que mucho de su público lector ha sido juvenil, aunque siempre ha existido una CF para adultos. Con el resto de géneros fantásticos hay que hacer un planteamiento diferente, ya que muchas obras de terror y góticas (desde relatos de vampiros a un clásico como Otra vuelta de tuerca, de Henry James), presentan y juegan con oscuras pulsiones sexuales. Eros y Thanatos, por supuesto. Lo que se echa de menos es un cuestionamiento de las identidades establecidas y normativas de género y sexo. La aparición de personajes transexuales, transgéneros, andróginos, intersexuales, hermafroditas, es casi una anécdota. ¿Por qué ocurre esto? La androginia, el hermafroditismo y la sexualidad han inspirado a la mitología desde el principio de la historia humana. Oscuro, profundo deseo humano también, el romper los esquemas binarios impuestos no por la naturaleza sino por el propio hombre.

Los vampiros son criaturas que se debaten entre su vida especial, la no-muerte, y la tumba; asimismo se saltan esas leyes de vida-muerte los zombis. Los licántropos rompen la frontera entre el humano y la bestia; no son los únicos híbridos, léase si no la novela de Pilar Pedraza Piel de sátiro. En esta autora pueden encontrarse muchas rupturas de esas categorías vida-muerte, humano-bestia, bien-mal, y también hay algunos personajes que cambian de sexo, como Adrián-Adriana, de Las joyas de la serpiente. Los monstruos de Pedraza, en sí mismos, simplemente por serlo, por su otredad y su carácter de «criaturas contra el orden de la naturaleza», que es la definición que da el diccionario de monstruo, son transgresores, mestizos, cuestionan ese orden presuntamente natural.

Los ciborgs, híbridos humano-máquina, son en la CF el equivalente al monstruo de lo fantástico: seres más allá de lo que somos nosotros los de carne y hueso, su transgresión puede ser penada o, por el contrario, devenir en otro tipo de existencia, tan válida como la nuestra. Hay dos magníficos relatos sobre ciborgs escritos por mujeres: “La nave que cantaba”, de Anne McCaffrey, y “Ninguna mujer nacida”, de C. L. Moore.

¿Pero dónde están los híbridos de sexo y género? Antes de continuar, voy a tratar de hacer una breve introducción a la teoría queer.

«Queer es un insulto, un término cargado de estigma. Corresponde a lo que no se ajusta a la norma sexual, lo que es raro, extraño, desviado: en castellano traducciones comunes son marica o bollera.», explica Gracia Trujillo Barbadillo en un artículo aparecido en la obra El eje del mal es heterosexual: figuraciones, movimientos y prácticas feministas queer.

El activismo queer nace en Estados Unidos a finales de los años ochenta, y «supone una ruptura (auto)crítica, desde dentro pero desde los márgenes, del movimiento de gays y lesbianas y su defensa de la normalización e integración de las minorías sexuales» (Trujillo Barbadillo)

Integrando el anarquismo, el anticapitalismo, antimilitarismo y antirracismo, el movimiento queer cuestiona la idea de una identidad de género y sexo estables y naturales, y niega las categorías dicotómicas, los dualismos: mujer/varón, femenino/masculino, heterosexualidad/ homosexualidad, por considerarlas construcciones culturales e ideológicas. Frente a esos binarismos, lo queer reivindica la multiplicidad, la flexibilidad, y a la vez lo raro, lo inapropiado, la parodia para hacer visible que el género es una perfomance, la marginalidad, la incorrección política y la malsonancia (la reapropiación con orgullo de los insultos hacia los diferentes, por ejemplo), la provocación, y asimismo la producción de un saber propio que nos haga sujetos del conocimiento.

«Lo hacen sin tabúes, de manera irrespetuosa, sin necesidad de vistos buenos […]; sin perseguir que se les entienda, ni que se les acepte. Lo que quieren es contarse a sí mismos y […] denunciar la normalidad que les rodea y que les construye como pecadores, perversos, peligrosos.» (Trujillo Barbadillo). Monstruos, pues, que quieren serlo.

La teoría queer tiene como referencia el pensamiento y la obra de autoras como Teresa de Lauretis, Monique Wittig, Judith Butler, Michel Foucault, Donna Haraway, y en España Beatriz Preciado.
En su Manifiesto cyborg, de 1985, Donna Haraway dice por ejemplo: «el mito de mi cyborg trata de fronteras transgredidas, de fusiones poderosas y de posibilidades peligrosas que gentes progresistas pueden explorar como parte de un necesario trabajo político.» Haraway pretende un mundo en que la gente no tenga miedo de «su parentesco con animales y máquinas ni de identidades permanentemente parciales ni de puntos de vista contradictorios

Tras definir el ciborg como “un organismo cibernético, un híbrido de máquina y organismo, una criatura de realidad social y también de ficción.”, o “una criatura en un mundo postgenérico”, explica asimismo que “la ciencia ficción contemporánea está llena de cyborgs -criaturas que son simultáneamente animal y máquina, que viven en mundos ambiguamente naturales y artificiales.”. Y añade:

Ciertos dualismos han persistido en las tradiciones occidentales; han sido todas sistémicas para las lógicas y las prácticas de dominación de las mujeres, de las gentes de color, de la naturaleza, de los trabajadores, de los animales, en unas palabras, la dominación de todos los que fueron constituidos como otros, cuya tarea es hacer de espejo del yo. Los más importantes de estos turbadores dualismos son: yo/otro, mente/cuerpo, cultura/naturaleza, hombre/mujer, civilizado/primitivo, realidad/apariencia…”

Prefiero ser un cyborg que una diosa”, es la frase con la que termina Haraway su Manifiesto, en el que cita como autores de ciencia ficción «técnicos del cyborg» a Joanna Russ, Samuel R. Delany, John Varley, James Tiptree, Jr., Octavia Butler, Monique Wittig y Vonda McIntyre.

Teniendo en cuenta que lo queer no sólo se refiere a un contenido sino a un enfoque lector, yo pondría de ejemplos desde autoras como la estadounidense Nicola Griffith o la española Conchi Regueiro Digón, en cuyas obras aparecen con normalidad lesbianas y homosexuales, a feministas como Angela Carter y su La pasión de la nueva Eva, queer avant la lettre, pero hay que entender que la teoría queer también parte del feminismo y es, en mi opinión, un camino de avance para éste.

Y desde luego a mí también me encanta considerar queer a Alice Sheldon-James Tiptree, Jr., ya que ella fue capaz de jugar con los géneros sexuales haciéndose pasar durante años por escritor varón; y fue creída, de ahí la famosa anécdota en que Robert Silverberg, prologuista de una colección de cuentos de Tiptree, dijo de ella/él: “se ha sugerido que es una mujer, teoría que encuentro absurda porque hay para mí algo ineluctablemente masculino en sus narraciones”. Uno de los cuentos incluidos en el libro citado se titula “Las mujeres que los hombres no ven”. Y mientras todo el mundo pensaba que James Tiptree, Jr. era realmente un hombre, Alice Sheldon escribía relatos radicalmente feministas, con otro seudónimo, éste femenino: Raccoona Sheldon: “Carne de probada moralidad”, un estremecedor texto sobre el aborto, o “El eslabón más débil”, curiosísima historia acerca de lo que hoy llamamos feminicidio. Esta mujer que planteó temas sexuales como pocos autores, obsesionada con la muerte (algo muy poco habitual en la CF, más allá de los cadáveres acribillados a tiros), muerte como fin, desaparición de un ser humano, una raza o especie, un mundo, y que se suicidó (junto con su esposo) a los 72 años, que siendo feminista no pudo sin embargo evitar ese militarismo que autores como Scott Card o Heinlein llevan a un espeluznante máximo, ni ese miedo a los otros, los extranjeros, los monstruos alienígenas anónimos, sin individualidad, conciencia ni sentimientos (según aquellos que les temen, claro) tan característico en la CF estadounidense (y por desgracia, en la política de su gobierno también), esta mujer ha dado nombre a un premio, el James Tiptree, Jr., que se concede a las obras de CF o fantasía que sirven al entendimiento entre géneros. No hace mucho se publicó en castellano una interesantísima biografía sobre esta autora, escrita por Julie Phillips (2007)

Existen dos interesantes antologías de CF específicas sobre el tema sexual: Extraños compañeros de cama, de 1972, y Sexo alienígena, de 1990. La primera tiene algunos relatos muy buenos: “El mundo bien perdido”, de Theodore Sturgeon, y “El doctor pájaro-ratón”, de Reginald Bretnor, cuento este último para mí muy queer.

Y también, para quien quiera indagar más en este tema, hay dos artículos muy interesantes a consultar: “Ciencia ficción y teoría queer”, de Wendy Pearson, donde nombra a autores que pueden ser leídos desde la perspectiva queer, por ejemplo Eleanor Arnason, Marge Piercy, Melissa Scott, Samuel Delany, Theodore Sturgeon o John Varley. Y “Cyborgqueers, o de cómo deshacer al homo sapiens”, del libro Teoría queer: políticas bolleras, maricas, trans, mestizas; en él, Desiré Rodrigo y Helena Torres, además de explicar la relación entre CF y teoría queer, señalan como autoras muy a tener en cuenta, además de Joanna Russ, Le Guin o C. L. Moore, a la afroamericana Octavia Butler y a la chicana Gloria Anzaldúa.

Pero del mismo modo que la realidad, frente al deseo, muestra que las mujeres escritoras de ciencia ficción han sido y son todavía minoritarias, igualmente, por mucho que tratemos de forzar las cosas, lo cierto es que la ciencia ficción, pese a sus ciborgs, sus mutantes, monstruos y aliens, es, ante tantas posibilidades de contacto entre especies, de identidades nuevas, plásticas por cambiantes, de géneros libremente elegidos, conformados, deseados, es y ha sido un espacio tan poco explorado como lo son aún en la realidad las galaxias lejanas.


Publicada en 1969 en inglés (The left hand of darkness) y en España en 1980, La mano izquierda de la oscuridad, de Ursula K. Le Guin, es una de las escasísimas obras de ciencia ficción que puede entenderse claramente como queer. Genly Ai, el narrador, terrestre, varón, relata su misión en el planeta Gueden, Invierno, al que ha llegado como enviado del Ecumen, una Federación de mundos. La gente que habita el planeta son ambisexuales, andróginos, aunque durante determinados días entran en la fase del kémmer, en la que devienen sexualmente activos y pueden convertirse en hembra o macho indistintamente, sin que sepan de antemano qué serán, ni esa vez ni las sucesivas. En el caso de las parejas, hay una complementariedad: si una adopta un sexo, la otra parte se convertirá en el otro (subsiste pues en la novela la heterosexualidad como norma, pero en fin, tal vez no se puede pedir que una obra incluya todas las posibilidades alternativas). Esta circunstancia supone la inexistencia de dominación patriarcal (o matriarcal) ya que si cada individuo puede convertirse en hembra o macho, mujer o varón, en determinados momentos, y en otros no es ninguna de las dos cosas, desaparece la oposición jerárquica que ha regido nuestro mundo terrestre. Existen en la historia, eso sí, otras opresiones y diferencias sociales, porque sin duda la autora no quiso caer en la ingenuidad de plantear un mundo perfecto y feliz por no existir en él patriarcado.

Criticar el “dualismo que domina el pensamiento humano”, en palabras extraídas del propio texto, y hacer ese crítica mediante la presentación de una construcción biológica y social alternativa, la de Gueden, no implica que dentro de nuestro mundo no pueda haber alternativas también: las diferencias no tienen por qué conllevar opresión, y más aún, el sexo puede entenderse como una categoría conformada por lo social y cultural más que por lo biológico. Esta idea puede ser difícil de aceptar y de asumir por muchas personas. No resulta extraño. Lo mismo ocurre con el libro de Le Guin: hay prejuicios que impiden comprenderlo. Que un autor de la talla de Stanislav Lem, capaz de inventar un mundo como Solaris para hacernos ver que nuestra concepción de la realidad –la de los humanos bípedos terrestres– no es la única posible, haya dicho, en relación con La mano izquierda de la oscuridad, que la vida de los guedenianos sería una “cruel amargura”, “una gran desdicha e infelicidad”, por no saber si van a convertirse en machos o hembras en el próximo kémmer, resulta francamente alucinante… (Para más detalles acerca del debate entre Lem y Le Guin, véase el magnífico prólogo de Pamela Sargent a la antología Mujeres y maravillas.)

La propia autora ha explicado su dificultad a la hora de referirse a los guedenianos, ya que el inglés tiene división genérica. También en castellano al leer el libro por primera vez cuesta hacerse a la idea de que se está hablando de individuos andróginos, puesto que se usa para ellos el masculino. Un buen ejemplo de la falsedad del pretendido uso del masculino como neutro.

La mano izquierda de la oscuridad es un intento serio, profundo y complejo de subvertir la visión dicotómica de los sexos-géneros humanos. Supone la creación literaria de un mundo completo; es una historia de amor y amistad entre dos seres, Genly Ai y Derem Har rem ir Estraven, que han nacido en planetas muy distintos; es la narración de un viaje inolvidable.

Este artículo ha sido sólo una aproximación a un tema (feminismo, teoría queer y escritoras de literatura fantástica), del que me gustaría saber mucho más, por lo que agradeceré cualquier aportación.

Lola Robles, mayo 2008

(Podéis encontrar más información sobre las autoras citadas en este mismo blog (ver ETIQUETAS) así como sobre sus obras en la Bibliografía de escritoras fantásticas)

Referencias bibliográficas:
– CARD, Orson Scott (comp.) (2007): Obras maestras: la mejor ciencia ficción del siglo XX, Barcelona: Ediciones B.
– GRIFFITH, Nicola (2006): “Los nuevos alienígenas de la ciencia ficción”, en Gigamesnh, núm. 43, pp. 19-25.
– (1998): Río lento, Barcelona: Ediciones B.
– HARAWAY, Donna (1995): “Manifiesto cyborg: Ciencia, Tecnología y Feminismo Socialista a finales del siglo XX”, en Ciencia, ciborgs y mujeres: la reinvención de la naturaleza, Madrid: Cátedra.
– NAVARRO, Antonio José (comp.) (2007): Venus en las tinieblas: relatos de horror escritos por mujeres, Madrid: Valdemar.
- PEARSON, Wendy (2006): “Ciencia ficción y teoría queer”, en Gigamesh, núm. 43, pp.55-68. - PHILLIS, Julie (2007): Alice B. Sheldon: la doble vida de Alice B. Sheldon, James Tiptree, Jr., Barcelona: Circe.
- RODRIGO, Desiré, y Helena Torres (2005): “Cyborgqueers, o de cómo deshacer al homo sapiens”, en Teoría queer: políticas bolleras, maricas, trans, mestizas, Madrid,: Egales, pp. 187- 211.
- TRUJILLO BARBADILLO, Gracia (2005): “Desde los márgenes: prácticas y representaciones de los grupos queer en el Estado español”, en El eje del mal es heterosexual: figuraciones, movimientos y prácticas feministas queer, Madrid: Traficantes de Sueños, pp. 29-44.

TALLER FANTÁSTIKAS 2007-2008

TALLER FANTÁSTIKAS
Octubre 2007-Mayo 2008

por Lola Robles
Coordinación: Fernanda Romeu

Lugar: CASA DE VALENCIA. Biblioteca.
Pso Pintor Rosales, 58. Madrid.
Metro Argüelles. Bus 21.

Taller de lectura de relatos y novelas de género fantástico.

Dos miércoles al mes, cada 15 días. 18 horas.
Fechas:
10 y 24 octubre 2007 --- 7 y 21 noviembre 2007
5 y 19 diciembre 2007 --- 16 y 30 enero 2008
13 y 27 febrero 2008 --- 12 y 26 marzo 2008
9 y 23 abril 2008 --- 7 y 21 mayo 2008


AUTORAS A TRATAR:
ANNA KAVAN (Gran Bretaña) (relatos de Mi alma en China y novela Hielo)
ELIA BARCELÓ (España) (novela El secreto del orfebre)
TANITH LEE (Gran Bretaña) (relatos, y novela Hijos de lobos)
HENRY JAMES (USA) (novela Otra vuelta de tuerca)
PILAR PEDRAZA (España) (novela La pequeña pasión)
ANGÉLICA GORODISCHER (Argentina) (relatos de Trafalgar y de Bajo las jubeas en flor)
DAINA CHAVIANO (Cuba) (relatos de Historias de hadas para adultos y País de dragones)


ESTE TALLER ESTÁ ADAPTADO PARA PERSONAS CON VISIÓN BAJA

TALLER FANTÁSTIKAS 2007

Taller FANTÁSTIKAS 2007

por: Lola Robles
Coordinación: Fernanda Romeu

Jueves 1 de febrero de 2007. 18: 30 h. Presentación del Taller y entrega de material.
Angela Carter. La cámara sangrienta y otros relatos.

Jueves 8 de febrero de 2007. 18: 30 h.
Mujeres en el imaginario masculino: La dama del alba, de Alejandro Casona.

Jueves 15 de febrero de 2007. 18: 30 h.
Las mujeres que los hombres no ven: James Tiptree Jr. (seudónimo de Alice Sheldon)

Jueves 22 de febrero de 2007. 18: 30 h.
Ursula K. Le Guin: Más vasto que los imperios y más lento (y otros relatos)

Lugar: Casa de Valencia. Biblioteca.
Paseo Pintor Rosales nº 58. Madrid.

TALLER FANTÁSTIKAS 2006

Rubíes y reptiles: la narrativa gótica de Pilar Pedraza

por: Lola Robles
Coordinación: Fernanda Romeu

Jueves 4 de mayo de 2006. 18: 30 h. Arcano trece: cuentos crueles: (“Mater Tenebrarum”, “Anfiteatro”, “¿Qué demonios?”,“Días de perros” y “La chica de la moto”)
Jueves 11 de mayo de 2006. 18: 30 h. La fase del rubí.
Jueves 18 de mayo de 2006. 18: 30 h. Las novias inmóviles.
Jueves 25 de mayo de 2006. 18: 30 h. La perra de Alejandría.

Lugar: Casa de Valencia. Biblioteca.
Paseo Pintor Rosales nº 58. Madrid.
Metro Argüelles. Bus 21.

Pilar Pedraza ha publicado siete novelas y dos libros de relatos, y es una de los pocos escritores en lengua castellana que, dentro de la literatura fantástica, aborda la narrativa gótica, negra o expresionista. Autora también de una trilogía ensayística sobre la imagen de lo femenino en el arte, el cine y la literatura, y de otras obras sobre arte y cine, es doctora en Historia del Arte y Profesora en la Universidad de Valencia, donde reside.
En el Taller leeremos y comentaremos parte de su obra: varios de sus relatos, y tres de sus mejores novelas.

(Podéis encontrar más información sobre esta autora en la entrada de este blog: Sobre Pilar Pedraza)

ANNA KAVAN, LA CIENCIA FICCIÓN EXTRAÑA Y ALUCINADA: HIELO

“...los desfiladeros de hielo se cernían sobre mis sueños” Anna Kavan

“No cuentes tus sueños. ¿Y si los freudianos toman el poder?” S. J. Lec

Foto: Anna Kavan


Conocí Hielo, de Anna Kavan, porque soy aficionada a la ciencia ficción y estaba preparando una Bibliografía de escritoras del género. Alguien me recomendó la novela, como uno de esos ejemplos en que una autora no especializada en CF hace una incursión en esa literatura que -tanto respecto a los autores como al público aficionado- tiene mucho de ghetto.

Anna Kavan es poco conocida en España; sólo se han traducido dos de sus obras: Hielo, y un libro de relatos, Mi alma en China. Así que empecé a leer la novela sin saber apenas nada de la biografía de su autora.

Hielo puede considerarse, en efecto, una antiutopía de ciencia ficción. Las antiutopías presentan futuros en los que se han radicalizado los males de nuestro presente, en lo social, político o tecnológico (1984, de George Orwell, o El cuento de la criada, de Margaret Atwood, son otros ejemplos). La historia transcurre en un mundo devastado por lo que parece un invierno postnuclear. A través de la nieve y el hielo que van invadiéndolo todo, un personaje sin nombre -ninguno lo tendrá en la novela- nos narra su búsqueda de una mujer -a la que llama siempre la muchacha o la chica- de la que está enamorado, a la que persigue sin descanso a través de países inconcretos, y que sin embargo le rechaza y huye de él. El hielo avanza desde el Norte; el narrador sueña también con escapar a una isla tropical, remota, donde habita una raza casi extinguida de lémures cantores, los Indris: un lugar cálido, luminoso, último refugio frente a la devastación; pero su obsesión por la muchacha le impide lograr ese sueño. Ella, además, se encuentra bajo el dominio de otro hombre, el Magistrado, muy poderoso y que la trata sádicamente; el narrador odia a este enemigo, pero a veces se pregunta si ellos dos no son la misma persona, en un confuso desdoblamiento de personalidad. De hecho, también él es al mismo tiempo enamorado y sádico: "verla sufrir me produjo un placer indescriptible", dice de ella. La muchacha se convierte así, ante todo y sobre todo, en víctima; lo es física y psicológicamente:

"En una época había estado locamente enamorado y había intentado casarme con ella. Aunque parezca una ironía, mi propósito de entonces había sido protegerla de la insensibilidad del mundo, actitud que parecía provocar con su timidez y fragilidad. Era extremadamente sensible, muy nerviosa y temerosa de la gente y de la vida; su personalidad había quedado dañada por una madre sádica que la mantenía en un estado permanente de sometimiento por medio del temor. ...Era tan delgada que, cuando bailábamos, tenía miedo de hacerle daño si la estrechaba con fuerza... Su pelo era maravilloso, blanco como la plata, como el de una albina, brillante como la luz de la luna, como el cristal de Venecia iluminado por la luna. Yo la trataba como si fuera de cristal..."

La primera lectura de Hielo produce una inevitable sensación de extrañeza. Nada se nos explica: ni la catástrofe que asola el mundo, ni los actos de los personajes. Hay algo indudablemente kafkiano en la sucesión de imprecisiones y absurdos, en la duda sobre la realidad; los hechos reales se mezclan con alucinaciones del narrador sobre la muchacha y sobre el hielo, terribles, pero de una belleza estilística extraordinaria. Visiones y paisajes surrealistas donde predominan los colores fríos: azul, blanco, plata, violeta; pero también el rojo y el negro. Eros y Thanatos; nieve y sangre; oscuridad y violencia, y al fin "un mundo terrible y frío de hielo y muerte había reemplazado al mundo viviente que conocíamos. Afuera, sólo existía el frío mortal, el vacío gélido de una era glacial, la vida reducida a cristales minerales".

Para la teoría literaria formalista, las obras de creación deben leerse como textos autónomos, independientes de la persona que los creó. En efecto, Hielo puede interpretarse desde esta postura inmanentista, sin saber nada de la biografía de su autora. Y sin embargo es también un ejemplo de cómo esa biografía puede aclarar muchos de los misterios de la obra, aunque haya habido un profundo trabajo de elaboración literaria, imprescindible para que el texto sea precisamente literatura y no un mero desahogo personal.

Poco después de terminar mi primera lectura de la novela, supe que Anna Kavan había sido adicta a la heroína durante gran parte de su vida. Busqué más datos; la mayoría estaban en Internet (nada como la Red para encontrar información sobre autores y temas marginales). Resumo brevemente: Anna Kavan (seudónimo de Helen Woods) nació en Cannes, Francia, en 1901, hija de padres británicos; el padre se suicidó cuando Helen tenía trece años. Casada en dos ocasiones, viajó mucho, publicó un buen número de obras narrativas, y fue también pintora y decoradora: un talento artístico tan indudable como su desequilibrio emocional: estuvo ingresada dos veces en un psiquiátrico; trató de suicidarse en tres ocasiones (después de su segundo divorcio; cuando su hijo murió en la II Guerra Mundial, y tras la muerte también de un amigo) , y durante los treinta últimos años de su vida fue heroinómana, además de utilizar con entusiasmo las anfetaminas; todos sus intentos de desintoxicación fueron inútiles. A los 67 años, en 1969, la encontraron muerta en su casa, junto a una jeringuilla todavía llena. Es difícil afirmar que la droga la mató; ella consideraba, muy por el contrario, que la ayudaba a vivir, a relacionarse con los demás, a soportar un mundo para ella intolerable. Las fotografías de Anna Kavan nos muestran una mujer rubia, pálida, de rasgos infantiles, pero no por ello menos inquietantes. El parecido con la muchacha de Hielo es claro.

Después de conocer la adicción de Kavan, es muy difícil no revisar la novela desde esa perspectiva: aceptando ahora que elige el marco de la ciencia ficción para transgredirla, para utilizarla de modo simbólico, encriptando otra historia: su experiencia personal con la droga.

Así, todas las imágenes referentes al hielo que avanza y asola el mundo nos remiten al polvo blanco, glacial, destructor: la Tierra muere, la disociación psíquica de los personajes se refleja en esa presencia continua de lo incomprensible, lo extraño, ¿cómo no asimilar esa desintegración física y mental a la provocada por la heroína? ¿cómo no sospechar que las visiones que asaltan al narrador no sean sino las posibles alucinaciones de un yonqui?

Y el viaje-odisea de él, en pos de la muchacha, una búsqueda afanosa y obsesiva ¿no se iguala a la del drogadicto, empujado a perseguir sin remedio su dosis salvadora, reverso oscuro de un Santo Grial? (Todas estas comparaciones son posibles, aunque no abarcan la complejidad de esta obra experimental, inclasificable, radicalmente subjetiva, polisémica, que transmite también una visión del mundo: antipatriarcal, antimilitarista y ecologista, y enfrentándonos a la angustia, la incertidumbre existencial, más allá de la drogodependencia; el mundo, sí, como una realidad hostil del cual la autora, en la ficción, puede vengarse, aniquilándolo. Ese odio visceral al mundo parece darse en personas que sufren fuertes desequilibrios y enfermedades mentales. Sin duda el tema de la droga en la vida de kavan es uno de los más llamativos, pero, aun sin ésta ¿no hubiera tenido sensaciones, visiones, pesadillas semejantes? ¿No nos estará hablando más bien, o también, de la demencia?)

La salvación no está sólo en la droga; también se busca en el amor. Pero asimismo éste, en el intento de que nos libre de la soledad, de la angustia ante la vida, puede convertirse en una adicción (y en un imposible). En Mi alma en China, la novela breve que da nombre a su otro libro publicado en castellano, el tema central es la dependencia amorosa. La protagonista, Kay -de nuevo trasunto de la autora-, acaba de salir de un psiquiátrico. A punto de divorciarse, conoce a otro hombre, un australiano que está de viaje de placer por Europa y América, también casado, pero que le propone que se vaya con él seis meses, como amantes, a California. El australiano es un hombre vital, optimista, seguro de sí mismo, y en cierto modo, simple: está convencido de que ella sólo necesita, para curarse, tranquilidad, sol, aire libre, vivir el presente sin preocuparse del futuro. Desde esa simplicidad, no siente temor alguno en embarcarse en una relación con la mujer, pero es incapaz asimismo de comprender los peligros de su aventura: el infierno del desequilibrio mental le es completamente ajeno; enseguida nos damos cuenta de que su fuerza y su confianza esconden la inconsciencia más absoluta.

El relato describe minuciosamente cómo evoluciona la relación: lo que en principio es una historia feliz acaba por transformarse en una trampa. "Dependiendo de mi absolutamente, me has convertido en un criminal", le dirá el australiano a Kay. Para Kavan, los hombres son egoístas. desleales; no quieren comprometerse, huyen de cuanto perturba su calma, o incluso son crueles y sádicos. Ellas, sus víctimas, frágiles como el cristal, como niñas, blancas como el polvo que se inyectan para poder sobrevivir, sólo son dignas de lástima; al igual que en Hielo, todos los personajes son antihéroes: la única heroína es la droga. Y sin embargo -y es el gran logro de la escritura de Kavan- a través de esos textos que rezuman una terrible autocompasión, percibimos con nitidez su poder de víctimas, lo insoportable que debe ser vivir con ellas.

"Escribía en un espejo", dice Rhys Davies, su amigo y editor, que prologa el libro de relatos. Es cierto que tanto en la novela corta como en los otros cinco relatos, se siente la proximidad de lo autobiográfico, aunque aparezcan también los elementos simbólicos, kafkianos, las imágenes visionarias que luego transformará en extrañeza, alegoría absolutas, en ese universo surrealista y autónomo que es Hielo. De hecho, el relato "Arriba en las montañas" es un primer ensayo de las imágenes frías y minerales que en la novela alcanzarán una grandiosidad de epopeya apocalíptica.

Estos relatos son, siempre, la confesión y la queja de una depresiva tentada por la muerte: "me fascina la muerte, lo sé. Nunca he disfrutado de la vida, nunca me han gustado los seres humanos... Las personas son detestables... siempre han sido odiosas conmigo; siempre me han rechazado y traicionado", y sobre todo, por el polvo blanco, limpio, puro como la nieve, el hielo, el mundo mineral y su paz: "las altas montañas son como arcángeles... sueño con identificarme con ellas: ser fría e inaccesible como sus cumbres nevadas".

Sin duda es "Julia y el bazooka" el mejor manifiesto de Kavan como drogadicta declarada, empedernida y consciente. Quizás por eso el relato se incluye en el libro Mujeres chamán, damas iniciáticas: escritos de mujeres en la experiencia con drogas, un muy interesante recorrido sobre el uso de las drogas en diferentes épocas y culturas, sobre todo por escritoras y artistas.

La jeringuilla es un bazooka; el chute, un coche potente a toda velocidad, pero, en cualquier caso, no se trata de un vicio, "es ridículo decir que todos los drogadictos son iguales, que todos son mentirosos, viciosos, psicópatas o delincuentes, que buscan emociones fuertes a cualquier precio", sino de una necesidad: para Julia-Anna, la jeringuilla es "tan imprescindible como la insulina para un diabético. Sin jeringuilla no podría llevar una vida normal, su vida sería una ruina, en cambio con ayuda de la jeringuilla es una persona concienzuda y enérgica, inteligente, amable. No se parece en nada a la idea popular de lo que es un drogadicto". Tiene razón: sin duda Kavan no es una yonqui en la marginalidad social; podía procurarse buena heroína y la utilizaba como un paliativo para su debilidad frente a la vida; no la mató la droga, y probablemente tampoco fue lo que la llevó a bordear la locura; quizás el mayor problema fue hacerse adicta a la sustancia más repudiada socialmente.

La obra de Kavan refleja, pero también trasciende, todas esas circunstancias personales: su mayor valor es haber logrado transformar su infelicidad y sufrimiento psíquico, su drogadicción, sus pesadillas, en literatura: una creación que Lawrence Durrell sitúa, junto a la de Virginia Woolf, Djuna Barnes o Anaïs Nin (nada menos), en la "gran tradición subjetiva femenina"; una obra extraña, compleja, casi de culto, de una originalidad y belleza excepcionales.

Lola Robles, 2002.

(Este artículo fue publicado con el título “Escritura y droga: el caso de Anna Kavan”, en INTERSUBJETIVO: revista de psicoterapia psicoanalítica y salud, vol. 4, nº 1 (jun. 2002), p. 117-120)

(En 2006 la editorial valenciana El Nadir ha publicado en castellano otra novela de Anna Kavan, Mercury, con un argumento que tiene muchas similitudes con el de Hielo, y permite conocer mejor el imaginario de la autora)

Algunas referencias bibliográficas (atención a las dos traducciones al español de Hielo, ambas son magníficas; también lo es la de Mi alma en China)
Hielo. Barcelona, Seix Barral, 1987. Traducción de Elsa Mateo.
Hielo. Valencia, El Nadir, 2005 (Narrativas El Nadir, 8). Traducción de Heide Braun. Prólogo del editor.
Mi alma en China. Barcelona, Seix Barral, 1992. Selección y traducción de Laura Freixas. Prólogo de Rhys Davies.
Mi alma en China. Valencia, El Nadir, 2004 (Narrativass El Nadir, 5). Traducción de Laura Freixas. Prólogo del editor.
Mercury. Valencia, El Nadir, 2006 (Narrativas El Nadir, 14)
Callard, David A. The Case of Anna Kavan: a biography. London, Peter Owen, 1992
Palmer, Cynthia y Horowitz, Michael. Mujeres chamán, damas iniciáticas: escritos de mujeres en la experiencia con drogas. Castellar de la Frontera (Cádiz), Castellarte, 1999


(Podéis ver la página web de la editorial El Nadir, donde pueden encontrarse los libros de Kavan y asimismo otras obras muy interesantes de autores diversos, entre ellos las escritoras Daphne Du Maurier o Charlotte Perkins Gilman, o la antología Pólux. Seis relatos de ciencia ficción rusa, entre ellos Valentina Zuravleva)

FLORES DE METAL, DE LOLA ROBLES

Flores de metal (Madrid, Equipo Sirius, 2007)
El libro puede encontrarse todavía, en papel y en digital, en Amazon.


Llego en tu busca, Farewell,
la ciudad empotrada en acero y asfalto,
corazón de silicio,
torres blancas como prismas de hielo,
autopistas como los fríos brazos espirales de la galaxia,
mariposas eléctricas para adornar tu noche
chorreante de luz, diadema engastada de burdeles y asco,
y el perfume de la Muerte que monta en escorpiones de esmalte
y escupe odio en las pistolas de los sicarios ciborgs.
Vengo en tu busca, Farewell,
mientras camino en compañía de extraños, en la violencia llena de esplendor,
entre muros y cromo, entre sueños lejanos, sueños imposibles,
en el llanto que te anega,
voy en tu busca, Farewell.


Lee, ciborg y dodimi, regresa a su mundo natal, la Tierra, y llega a Farewell, ciudad dedicada a la diversión, el placer y el juego, aunque en plena decadencia bajo el dominio del hampa jakuzai y conmocionada por los crímenes de una asesina misteriosa, Dama X. En La Linterna Azul, un tugurio cerca del espaciopuerto, coincide con Yuri, pirata estelar a quien conoció en el Espacio Exterior. A través de Yuri, y de otros personajes desarraigados que encuentra en su recorrido por Farewell, Lee recuerda y va hilvanando una narración sobre Edmei Konda, un solitario piloto libre, nacido en el planeta Concordia: relato de aventuras, y también una historia de amor, de traidores y de héroes.

Con elementos del ciberpunk y de la novela gótica, Flores de metal se inscribe en el mismo universo ficcional que el anterior libro de la autora, La rosa de las nieblas, como una historia paralela, con personajes y argumento independientes.

Sobre Pilar Pedraza

Pilar Pedraza (Toledo, 1951) es doctora en Historia y profesora de Historia del Cine en la Universidad de Valencia. Además de obras sobre arte y cine, y traducciones del italiano antiguo, ha publicado una trilogía de ensayos sobre la imagen de lo femenino en el arte, la literatura y el cine: La bella, enigma y pesadilla: (esfinge, medusa, pantera) (1991); Máquinas de amar: secretos del cuerpo artificial (1998); y Espectra: descenso a las criptas de la literatura y el cine (2004). Aunque me centraré en su obra narrativa, sin duda estos ensayos son muy útiles no sólo por el tema que tratan, sino porque su lectura aclara muchas de las claves de los textos de ficción de la autora.

Desde la publicación en 1984 de su primera novela, Las joyas de la serpiente, y del libro de relatos Necrópolis (1985), hasta la última novela, La perra de Alejandría (2003), Pedraza ha construido una obra de ficción no demasiado extensa (siete novelas y dos libros de cuentos) pero sí lo suficientemente sólida y madura como para convertir a su autora en una muy buena representante, en España, de ese género que podríamos llamar gótico, negro o expresionista. Y esto no sólo porque sea la única.

(Un paréntesis que creo necesario: exceptuando honrosísimos antecedentes como el de Bécquer en sus Leyendas, yo no conozco ningún autor español que haya escrito narrativa gótica de una manera continuada. Digo esto porque no me atreveré a afirmar rotundamente que no existan. A grandes trazos, el panorama actual de la literatura fantástica en España (ciencia ficción, fantasía, terror y fantástico clásico) en cuanto a modos de publicación y autores, es el siguiente:

a) grandes editoriales que suelen apostar casi siempre por lo seguro en ventas, en este caso autores extranjeros, y excepcionalmente por los españoles, si son conocidos de antemano.

b.1) editoriales medianas, con prestigio y años de existencia, como ejemplo Valdemar, aunque sin las posibilidades de propaganda de las macroeditoriales. Editan autores españoles y extranjeros.

b.2) editoriales pequeñas e independientes que sí editan a españoles incluso noveles, pero cuyas tiradas y capacidad de distribución y promoción son muy limitadas.

c) Y un nuevo ámbito donde se encuentran las autoediciones y ahora también y sobre todo Internet: un espacio entre el va por libre y el publica como puedas, para quienes no pueden o no quieren acceder a las editoriales tradicionales, convertidas más en intermediarios, filtros, que en vehículos de transmisión cultural.

Dada la masificación actual de la escritura y de novedades en las librerías (en contraste sorprendente con las dificultades de acceso al entramado editorial), es posible que haya más autores de narrativa gótica o cercanos al género, aparte de Pedraza, y yo no los conozca.

Por último me temo que es inevitable seguir diciendo que los géneros fantásticos son aún en España sorprendentemente marginales en su difusión, lo que puede explicar que autores como Pedraza no sean más reconocidos. Subsiste la recia -y ya un tanto rancia- tradición realista: el peso de Cervantes, y de una extraña norma según la cual quien se sale de los márgenes de ese realismo no hace literatura auténticamente seria.)

Las contraportadas y solapas de los libros de la escritora española dicen que "ha consolidado una obra singular y extraordinaria al margen de las corrientes imperantes en nuestras letras", y que es una "escritora de culto". ¿Cómo llega alguien a convertirse en un autor de culto, y qué significa serlo? La expresión parece remitir a una admiración minoritaria y de algún modo privilegiada por parte de un grupo de lectores fieles; a cierta rareza -entendida como excepcionalidad, lo diferente o extraño- y a una buena calidad literaria. Todas estas características se dan en la obra de Pilar Pedraza. En un entorno donde la literatura se ha convertido en una industria regida por las leyes del mercado y por la necesidad del éxito rápido (quizás porque el libro es un objeto cada vez más perecedero), sorprende que una autora sea capaz de crear, y mantener, una escritura y un mundo ficticio fieles a sí mismos, y menos preocupados por la difusión masiva que por esa coherencia e integridad. Puesto que el enfoque de un artículo sobre un autor depende del punto de vista, los intereses e ideología de quien lo hace, he de decir que elegí la narrativa de Pedraza por pertenecer a un género, el fantástico, al que soy aficionada, pero sobre todo porque admiro su forma de concebir la escritura: creo que ella escribe lo que le gusta, lo que quiere escribir, y se atiene sólo a sus propias exigencias y muy posiblemente obsesiones.

Todo esto no quiere decir que no haya publicado en editoriales importantes (lo ha hecho en Tusquets, Lumen y Valdemar); y lo seguro es que tiene admiradores tan incondicionales como entusiastas. Además su forma de narrar es dinámica, entretenida, nada espesa ni pesada, con un estilo sin embargo culto, preciosista, que con frecuencia mezcla a un lenguaje coloquial como contrapunto. En su obra no aparece el terror al que nos tiene acostumbrados el cine, sobre todo el actual para jóvenes. El gótico de Pedraza no causa miedo, sólo provoca inquietud, tal vez en ocasiones repulsión y asco; conmociona el espíritu, no lo bloquea igual que el pánico. La necrofilia, la escatología, la crueldad, la delgada línea entre el bien y el mal, son temas fundamentales en una obra indudablemente dura, pero muy lejos de la violencia ¿hasta qué punto se puede decir que gratuita? del gore. Eso por no hablar de la realidad, que supera con amplitud y demasiadas veces los pasajes más macabros de la autora.

No hay delectación morbosa en la sangre, la violencia o el asesinato, y pese a la afición de Pedraza por la casquería, no aparece una cosificación de la carne y el cuerpo que los denigre (a este respecto puede leerse el relato "La chica de la moto", de Arcano trece (2000), donde la autora reflexiona específicamente sobre la utilización del tema de la muerte en el arte y los medios de comunicación).

Por otro lado, la presencia en su obra del humor (por supuesto, negro) y la ironía, alivia el rigor de lo macabro. Humor e ironía son esenciales en Pedraza, y conllevan cierto distanciamiento de la voz que narra respecto de hechos, temas y personajes, aunque se percibe la humanidad de éstos como algo valioso; la muerte no excluye para nada a la vida, que bulle, podríamos decir con una expresión gótica, igual que los gusanos en las tumbas. Desde luego la escritora se complace en escenas y criaturas nada convencionales ni comunes; ella misma afirma en una entrevista que le interesa "la monstruosidad, la trasgresión, la paradoja, la ambigüedad y el sadismo". En su fascinación por lo macabro, lo malvado y cruel, lo friki, por los seres oscuros, hay bastante, creo, de juego literario, pero también una auténtica y deliberada trasgresión de muchos valores convencionales sobre vida y muerte, bien y mal, masculino y femenino, sexualidad, e incluso sobre la propia literatura. Destaca igualmente una fuerte presencia de lo sensorial: el erotismo y el gusto por objetos hermosos como joyas y piedras preciosas, o la belleza física humana; perfumes, hedores o el cromatismo del lenguaje en las descripciones.

Sólo mencionaré, por último, antes de pasar a un breve análisis de sus obras, un elemento muy importante en la autora, y es una notable intertextualidad de motivos, temas y personajes. Pilar Pedraza ha construido de hecho un cosmos ficcional propio, en ocasiones con componentes algo crípticos, sobre todo en las dos primeras novelas (la autora no explica para nada determinadas imágenes, escenas y personajes, con lo cual el lector o es un iniciado o debe buscarse la vida para entender mejor o peor partes del texto). A partir de La pequeña pasión, creo que las obras de la escritora gótica se depuran bastante de lo críptico (conservando un universo de motivos literarios y fantásticos muy trabajados pero más accesibles). En este sentido su obra evoluciona hacia una mayor simplicidad que la beneficia.

Lola Robles, 2006.

(Esta breve introducción a la obra de Pilar Pedraza, junto a todas las entradas de este blog referidas a sus novelas, han sido publicadas con el título: “Rubíes y reptiles: la narrativa gótica de Pilar Pedraza”, en revista Arbor, vol. CLXXXII, nº 720 (julio-agosto 2006): Escritoras españolas del siglo XX (2) /edición de Carmen Simón Palmer. Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas)

En 2008 ha aparecido una nueva novela de la autora, El síndrome de Ambras, editada por Valdemar.

EL INFORME MONTEVERDE, DE LOLA ROBLES

El informe Monteverde (Madrid, Equipo Sirius, 2005)

El libro todavía puede conseguirse, en edición digital, en Amazon. En papel es más difícil, la edición está agotada, si acaso se logra localizar a través de Internet.


La lingüista terrestre Rachel Monteverde es enviada por la Sociedad para el Estudio de las Lenguas Interestelares al planeta Aanuk. A Aanuk se le conoce como el Planeta Paraíso por su clima y paisaje, y es destino de los más lujosos cruceros turísticos. Aunque el interés de la Sociedad Lingüista es otro: conocer a los habitantes de ese mundo, los aanukiens, un pueblo nómada y tribal, alegre y amante de la música; y los fihdia, gentes que se esconden en cavernas y que al parecer, a causa de una enfermedad congénita que les ha dejado ciegos, hablan una lengua única en la galaxia. Pero a través de la elaboración de su Informe, Rachel Monteverde descubrirá sobre ese mundo mucho más de lo que venía a buscar.



LA ROSA DE LAS NIEBLAS, DE LOLA ROBLES

La rosa de las nieblas (Madrid, Kira edit., 1999).

La edición de esta novela se agotó hace tiempo, pero si os interesa conseguirla, escribidme: ladyquercus@hotmail.com


Una nave aterriza en Niflheim, un mundo perdido en el Espacio Exterior, que gira en torno a una estrella roja. Sus cuatro tripulantes han sido enviados para cumplir una misión, y deben ponerse en contacto con el pueblo que habita el planeta, los niflungars. Nada saben acerca de ellos, sólo que fueron desterrados a Niflheim como castigo a sus crímenes. Para los cuatro extranjeros comienza una larga y precipitada aventura a través de una naturaleza inhóspita, y de una sociedad muy distinta a aquellas de las que proceden, y cuyos conflictos internos acabarán atrapándolos.

Un fragmento de La rosa de las nieblas: el comienzo:

Aterrizamos en Niflheim amparándonos en la noche del planeta. No hubo contratiempo alguno; la nave descendió suavemente sobre una amplia llanura del hemisferio sur, cuya existencia nos indicó el ordenador madre. El radar no detectaba ninguna presencia viva en muchos kilómetros. Todo había salido según lo previsto.

Nos reunimos los cuatro a deliberar, como si no hubiéramos discutido antes decenas de veces el plan a seguir desde aquel momento. En ese plan, lo conveniente era que se quedasen dos, y dos efectuaran la primera exploración de los alrededores. Sin embargo ahora ninguno quería permanecer en la nave, y al fin optamos por la menos sensata de las soluciones: saldríamos Sebeok, Erik y yo, mientras Jane aguardaba en el vehículo con los motores encendidos por si teníamos que volver y despegar de inmediato. Jane era quien menos experiencia poseía en pilotaje, pero los otros insistimos en nuestra decisión. Mal empezaba aquella última y definitiva etapa de nuestro viaje, nos dábamos cuenta, y con darnos cuenta estuvimos satisfechos.

BIBLIOGRAFÍA DE PILAR PEDRAZA

PEDRAZA, Pilar (España, Toledo, 1951)
NOVELAS

NOVELAS

-La fase del rubí. Barcelona, Tusquets, 1987. 205 p. (La flauta mágica, 7)
-La fase del rubí. Barcelona, RBA, 1994. 222 p. (Narrativa actual. Autores de lengua española, 83)
-Las joyas de la serpiente. Valencia, Fernando Torres, 1984. 186 p. (Premis Ciutat de Valencia, 2)
-Las joyas de la serpiente. Barcelona, Tusquets, 1988. 254 p. (La flauta mágica, 13)
-Las novias inmóviles. Barcelona, Lumen, 1994. 110 p. (Femenino Lumen, 22)
-Paisaje con reptiles. Madrid, Valdemar, 1996. 166 p. (El Club Diógenes, 59. Autores españoles)
-Paisaje con reptiles. Barcelona, RBA Coleccionables, 2001. 159 p. (Nueva narrativa)
-La pequeña pasión. Barcelona, Tusquets,  1990. 177 p. (Andanzas)
-La perra de Alejandría. Madrid, Valdemar, 2003. 254 p. (El Club Diógenes, 1)
-Piel de sátiro. Madrid, Valdemar, 1997. 258 p. (El Club Diógenes, 82. Autores españoles)
-El síndrome de Ambras. Madrid, Valdemar, 2008. 268p. (El club Diógenes, 263)
-Lucifer Circus, Madrid, Valdemar, 2012.
-Lobas de Tesalia, Madrid, Valdemar, 2015.
-Mystic Topaz, Madrid, Valdemar, 2016.

LIBROS DE RELATOS

-Arcano trece: cuentos crueles. Madrid, Valdemar, 2000. 431 p. (El Club Diógenes, 150)
-Necrópolis. Valencia, Víctor Orenga, 1985. 252 p. (Narrativa insólita, 7)
-Els ulls blaus i altres contes inquietants /traducció, Adolf Beltrán. Valencia, Tàndem, 1999. 199 p. (La moto, 9) (Traducción parcial de: Necrópolis)

ENSAYOS

-Barroco efímero en Valencia. Valencia, Ayuntamiento, 1982.  380 p.
-La bella, enigma y pesadilla: (esfinge, medusa, pantera). Barcelona, Tusquets, 1991. 269 p. (Ensayo, 13)
-La bella, enigma y pesadilla: (esfinge, medusa, pantera). Valencia, Almudín, 1983. 167 p.
-Espectra: descenso a las criptas de la literatura y el cine. Madrid, Valdemar, 2004. 374 p. (Valdemar intempestivas, 12)
-Federico Fellini / Pilar Pedraza y Juan López Gandía. Madrid, Cátedra, 1999.  420 p. (Signo e imagen. Cineastas, 15)
-Máquinas de amar: secretos del cuerpo artificial. Madrid, Valdemar, 1998. 297 p. (El Club Diógenes, 103)
-Metrópolis: Fritz Lang /estudio crítico de Pilar Pedraza. Barcelona, Paidós Ibérica, 2000. 140 p. (Paidós Películas, 9)
-La mujer pantera: Jacques Tourneur (1942). Valencia, Nau Llibres; Barcelona, Octaedro, 2002. (Guías para ver y analizar cine)
–Venus barbuda y el eslabón perdido. Madrid, Siruela, 2009. (La Biblioteca Azul. Serie mínima, 25). 136 páginas.
Brujas, sapos y aquelarres, Madrid, Valdemar, 2014.

OTROS

-“Un amor”. En Dichosa Valencia. Valencia, Víctor Orenga editor, 1987.
-“Las cosas de palacio”. en Cuentos de este siglo: 30 narradoras españolas contemporáneas / edición de Angeles Encinar. Barcelona, Lumen, 1995.
–“Los huevos de Leda”, en: Prima Litera: revista de creación literaria, nº Gótico (especial 2), verano 2006. rivas Vaciamadrid, Madrid, Asociación Cultural Pima Litera. Pp. 15-17.
-“Mansiones imposibles, criptas y ciudades violadas”, en: Europa imaginaria. Cinco miradas sobre lo fantástico en el viejo continente/ edición de Antonio José Navarro y Angel Sala. Madrid, Valdemar, 2006. (Intempestivas, 16), pp. 17-52.
-“Mater Tenebrarum”. En Felices pesadillas: los mejores relatos de terror aparecidos en Valdemar (1987-2003) . Madrid, Valdemar, 2003 (El Club Diógenes, 200), p. 951-982.
-“La mujer reciclada”. En Paura: antología del terror contemporáneo. Volumen 1./ edición a cargo del Colectivo Xatafi. Madrid, Bibliópolis, 2004 (Bibliópolis bolsillo)
-“La piel curtida”. En Verte desnudo. Madrid, Temas de Hoy, 1992
-“La yegua de la noche”. En Axxón (axxon.com.ar), 2004 (octubre), nª 143.
-Introducción a Cuentos fantásticos / E. T. A. Hoffman ... [et al.] ; edición de Pilar Pedraza. Madrid, Cátedra, 2004. 175 p. (Cátedra base, 10)

-COLONNA, Francesco. Sueño de Polífilo / edición y traducción de Pilar Pedraza. Barcelona, El Acantilado, 1999

BIBLIOGRAFÍA DE PILAR PEDRAZA

PEDRAZA, Pilar (España, Toledo, 1951)
NOVELAS

NOVELAS

-La fase del rubí. Barcelona, Tusquets, 1987. 205 p. (La flauta mágica, 7)
-La fase del rubí. Barcelona, RBA, 1994. 222 p. (Narrativa actual. Autores de lengua española, 83)
-Las joyas de la serpiente. Valencia, Fernando Torres, 1984. 186 p. (Premis Ciutat de Valencia, 2)
-Las joyas de la serpiente. Barcelona, Tusquets, 1988. 254 p. (La flauta mágica, 13)
-Las novias inmóviles. Barcelona, Lumen, 1994. 110 p. (Femenino Lumen, 22)
-Paisaje con reptiles. Madrid, Valdemar, 1996. 166 p. (El Club Diógenes, 59. Autores españoles)
-Paisaje con reptiles. Barcelona, RBA Coleccionables, 2001. 159 p. (Nueva narrativa)
-La pequeña pasión. Barcelona, Tusquets,  1990. 177 p. (Andanzas)
-La perra de Alejandría. Madrid, Valdemar, 2003. 254 p. (El Club Diógenes, 1)
-Piel de sátiro. Madrid, Valdemar, 1997. 258 p. (El Club Diógenes, 82. Autores españoles)
-El síndrome de Ambras. Madrid, Valdemar, 2008. 268p. (El club Diógenes, 263)
-Lucifer Circus, Madrid, Valdemar, 2012.
-Lobas de Tesalia, Madrid, Valdemar, 2015.
-Mystic Topaz, Madrid, Valdemar, 2016.

LIBROS DE RELATOS

-Arcano trece: cuentos crueles. Madrid, Valdemar, 2000. 431 p. (El Club Diógenes, 150)
-Necrópolis. Valencia, Víctor Orenga, 1985. 252 p. (Narrativa insólita, 7)
-Els ulls blaus i altres contes inquietants /traducció, Adolf Beltrán. Valencia, Tàndem, 1999. 199 p. (La moto, 9) (Traducción parcial de: Necrópolis)

ENSAYOS

-Barroco efímero en Valencia. Valencia, Ayuntamiento, 1982.  380 p.
-La bella, enigma y pesadilla: (esfinge, medusa, pantera). Barcelona, Tusquets, 1991. 269 p. (Ensayo, 13)
-La bella, enigma y pesadilla: (esfinge, medusa, pantera). Valencia, Almudín, 1983. 167 p.
-Espectra: descenso a las criptas de la literatura y el cine. Madrid, Valdemar, 2004. 374 p. (Valdemar intempestivas, 12)
-Federico Fellini / Pilar Pedraza y Juan López Gandía. Madrid, Cátedra, 1999.  420 p. (Signo e imagen. Cineastas, 15)
-Máquinas de amar: secretos del cuerpo artificial. Madrid, Valdemar, 1998. 297 p. (El Club Diógenes, 103)
-Metrópolis: Fritz Lang /estudio crítico de Pilar Pedraza. Barcelona, Paidós Ibérica, 2000. 140 p. (Paidós Películas, 9)
-La mujer pantera: Jacques Tourneur (1942). Valencia, Nau Llibres; Barcelona, Octaedro, 2002. (Guías para ver y analizar cine)
–Venus barbuda y el eslabón perdido. Madrid, Siruela, 2009. (La Biblioteca Azul. Serie mínima, 25). 136 páginas.
Brujas, sapos y aquelarres, Madrid, Valdemar, 2014.

OTROS

-“Un amor”. En Dichosa Valencia. Valencia, Víctor Orenga editor, 1987.
-“Las cosas de palacio”. en Cuentos de este siglo: 30 narradoras españolas contemporáneas / edición de Angeles Encinar. Barcelona, Lumen, 1995.
–“Los huevos de Leda”, en: Prima Litera: revista de creación literaria, nº Gótico (especial 2), verano 2006. rivas Vaciamadrid, Madrid, Asociación Cultural Pima Litera. Pp. 15-17.
-“Mansiones imposibles, criptas y ciudades violadas”, en: Europa imaginaria. Cinco miradas sobre lo fantástico en el viejo continente/ edición de Antonio José Navarro y Angel Sala. Madrid, Valdemar, 2006. (Intempestivas, 16), pp. 17-52.
-“Mater Tenebrarum”. En Felices pesadillas: los mejores relatos de terror aparecidos en Valdemar (1987-2003) . Madrid, Valdemar, 2003 (El Club Diógenes, 200), p. 951-982.
-“La mujer reciclada”. En Paura: antología del terror contemporáneo. Volumen 1./ edición a cargo del Colectivo Xatafi. Madrid, Bibliópolis, 2004 (Bibliópolis bolsillo)
-“La piel curtida”. En Verte desnudo. Madrid, Temas de Hoy, 1992
-“La yegua de la noche”. En Axxón (axxon.com.ar), 2004 (octubre), nª 143.
-Introducción a Cuentos fantásticos / E. T. A. Hoffman ... [et al.] ; edición de Pilar Pedraza. Madrid, Cátedra, 2004. 175 p. (Cátedra base, 10)

-COLONNA, Francesco. Sueño de Polífilo / edición y traducción de Pilar Pedraza. Barcelona, El Acantilado, 1999

LAS JOYAS DE LA SERPIENTE, DE PILAR PEDRAZA

Las joyas de la serpiente (1984)

Es la primera novela publicada por Pedraza; ese mismo año recibe el Premio Ciudad de Valencia y el Premio de la Crítica. Después ha sido reeditada por la editorial Tusquets, en 1988.

La historia está ambientada en España, en el siglo XVII, en una ciudad castellana que no se concreta. En casi todas las obras de Pedraza sucederá esto, que la datación histórica y ubicación espacial son imprecisas, ya que, como la propia autora explica en una entrevista se trata de "fantasías de ambiente" y no de novelas históricas, lo cual no excluye desde luego un trabajo nunca fácil de documentación.

El protagonista y narrador, Bartolomé Perazas, llega para estudiar en la universidad. Ha dejado atrás, en su pueblo, a un padre que se entrega a oscuras, "dudosas prácticas", con el que no se entiende. Es joven, bondadoso, e ingenuo (un rasgo, veremos, que se da en otros protagonistas creados por la escritora), así que su estancia en la ciudad será un recorrido de aprendizaje: como toda la novela, su vida, e incluso su muerte.

En la universidad conoce a don Luis de Valdaure, un joven noble que le toma a su servicio. Ello le permite entrar en contacto con la familia de don Luis, en la cual, como suele ocurrir, hay de todo: por ejemplo Gaspar de Valdaure, intelectual que explora en esas otras dimensiones desconocidas más allá de la racional, y es tenido por extravagante y loco; Blanca de Valdaure, mujer que a un tiempo atrae y repele, y que muestra una sexualidad sin autocensura. Asimismo conocerá a Adrián, personaje misterioso, "de una belleza exquisita y un tanto maligna", que habita espacios interiores con muchos elementos de fantasía oriental, andrógino (luego le hallaremos convertido en mujer), y fundamental para el desarrollo de la historia, por sus capacidades de actuación más demoníacas que otra cosa.

Tras una sucesión de trágicas muertes, Bartolomé regresa a su pueblo natal, donde se reencuentra con su padre. La trama tiene ahora bastante de folletín, con personajes que aparecen y desaparecen, se disfrazan y camuflan, narran historias encajadas en la principal, llevándonos hacia un pasado que hay que reconstruir; y con misterios que sólo se resolverán al final. El protagonista entabla noviazgo con una joven del pueblo, Engracia, pero sigue enamorado de Adrián, ahora reaparecido como Adriana, y a la vez mantiene relaciones sexuales con Blanca de Valdaure. Blanca se convertirá en ayudante y discípula del padre de Bartolomé, que continúa con sus investigaciones secretas.

Bartolomé se aburre: la monotonía de la cotidianeidad mediocre, su trabajo de escribano, se convierten en un "pantano de hastío", y empieza a echar de menos el pasado, y a desear un cambio en su vida, aunque sea funesto; sospecha que "algo malo y grande", "un peligro y un esplendor que haría de mi vida algo nuevamente merecedor de vivirse" está próximo, y no se equivoca. Una joya, una gargantilla de corales (motivo curiosamente basado en la copla española, "No te mires en el río") se convierte en un elemento que engarza y desencadena hechos de la historia narrada.

La parte final de la novela está protagonizada por la muerte, que busca o encuentra de nuevo a los personajes principales. Engracia, la pacífica novia del protagonista, se transforma en vampiro, lo que permite a la autora explayarse en la descripción de sus apariciones nocturnas y la corrupción de su cadáver, al cual posteriormente hay que clavar la estaca en el corazón, despedazar y quemar.

Bartolomé por su parte va a convertirse en un rechazado por la Muerte, extraña situación que también aparecerá en otras obras de la escritora, y ello tras su peregrinación por los distintos reinos del más allá: el propio cadáver, la tumba, el cielo (cuya descripción fría y mineral con un Dios agobiado por la angustia es muy interesante); los infiernos: Satania, Lilithia, el país de Belial, Luciferia. Esta parte es la más extraña y difícil de interpretar, una suerte de alegoría donde se engarzan tal vez fantasías y símbolos personales de la autora, junto con otros literarios o esotéricos (alguien más versado que yo en este último tema podría aportar una visión más completa.)

Lola Robles, 2006.

(Podéis encontrar más información sobre la autora en: Sobre Pilar Pedraza)