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Podéis leer buenas narraciones en la Biblioteca de Relatos.

14 de noviembre de 2024

"BORRADORES DEL FUTURO", ANTOLOGÍA DE RELATOS UTÓPICOS.



Borradores del futuro

Antología de relatos utópicos de Katixa Agirre, Iban Zaldua, Danele Sarriugarte, Karmele Jaio, Belén Gopegui, Harkaitz Cano, Patxi Zubizarreta, Uxue Alberdi, Lucía Baskaran, Gabriela Damián Miravete.

Edición literaria y epílogo de Azala (Idoia Zabaleta, Ixiar

Rozas y Arantxa Mendiharat).

Prólogo de Teresa López-Pellisa.

Traducciones del euskera al castellano de Aixa de la Cruz, Miren Iritarte, Itziar Ortuondo y Arrate Hidalgo.

Corrección de Sonia Berger.

Imagen de cubierta de Paula Estévez del Diego.

Bilbao, consonni, 2023, 270 pp.

 

Este libro es una obra colectiva, forma muy adecuada para su contenido, una colección de diez relatos que imaginan utopías. Sus diez autoras y autores son principalmente vascos, aunque hay también una madrileña y una mexicana. La edición literaria de esta antología corresponde a Azala; tal y como se explica en el epílogo, “Borradores del futuro se gesta desde Azala, un espacio para residencias artísticas situado en Lasierra, un pueblo alavés de 12 habitantes, en las faldas de un encinar. Tres personas con una extensa trayectoria en la producción de proyectos culturales, y más especialmente en proyectos relacionados con su contexto, componemos el equipo para Borradores del futuro: Arantxa Mendiharat, Ixiar Rozas e Idoia Zabaleta. A partir de 2020, contamos con la asesoría científica de Unai Pascual, investigador en políticas medioambientales, para desarrollar la idea de sostenibilidad socioecológica. En marzo de 2021 se incorpora al proyecto Arrate Hidalgo para llevar a cabo su coordinación”. El prólogo está escrito por la investigadora y profesora universitaria Teresa López-Pellisa.

Cada narración parte de un proyecto real existente, sobre todo, en Álava, Euskadi; son, en concreto, los de Errekaleor, Plataforma Armas Eusko Label para la Guerra, Lumínica ambiental, Redes vecinales de cuidado, Trujal de la cooperativa La Equidad de Moreda de Álava, Goiener S. Coop., Escuela Ramón Bajo, Urbanismo feminista en Usurbil, Karabeleko y Los Territorios Entrelazados. A través de la ciencia ficción, las y los autores expanden estos proyectos hacia el porvenir. Nos encontramos, pues, ante un futurismo utópico. La intención de la obra es optimista y positiva, y, por ello, puede gustar a las personas interesadas en este tipo de ficciones y planteamientos. Entre los temas abordados están la educación, la escuela, el pacifismo y antimilitarismo, los cuidados, el urbanismo, la tecnología, las fuentes de energía actuales y sus posibles alternativas, la contaminación lumínica, la agricultura ecológica, la migración, el retorno a la vida rural o la pandemia del COVID 19, todos ellos desde una perspectiva feminista, pacifista, antimilitarista y ecologista.

El resultado es curioso e interesante, y puede dar lugar a buenos debates. Hay cuentos bastante verosímiles, mientras que otros están un tanto idealizados o incluso pueden resultar en exceso románticos, lastrados por el sentimentalismo. Hay que tener en cuenta la dificultad de constreñir una utopía en el espacio de un relato (más o menos todos tienen la misma extensión), con lo cual realmente estamos ante sugerencias o borradores, tal y como indica el título.

Literariamente las narraciones son desiguales, en algunos casos lo novedoso se explica demasiado (un problema recurrente en la ciencia ficción) y, sin embargo, en otros la historia puede resultar confusa por falta precisamente información. Como ya he dicho, Borradores del futuro gustará a personas con interés en lo utópico, ya que aquí se nos presentan problemas y cuestiones que afectan en la actualidad a nuestro planeta. Hay reflexiones muy válidas, por ejemplo, sobre la tecnología (a favor o en contra), los cuidados, las migraciones o el cambio climático. Como tantas otras veces, la editorial consonni apuesta por una literatura arriesgada y crítica.

12 de noviembre de 2024

¿MERECE LA PENA ESCRIBIR EN EL SIGLO XXI? (7)

 LA ACADEMIA DE MECANOGRAFÍA Y MI MÁQUINA OLIVETTI.

A los trece años, empecé a acudir a una academia de mecanografía. También daban taquigrafía. La mayor parte del alumnado éramos mujeres, chicas jóvenes. Me acuerdo de la profesora, muy agradable. Teníamos mesas individuales y, sobre cada una de ellas, una máquina. A las y los principiantes nos tocaban las más antiguas, pesadas, negras, de esas que ahora son una reliquia. A mí me encantaban, sus teclas con el borde de color plata u oro, los tipos levantándose para marcar el papel metido en el rodillo. Había que cambiarles la cinta ensuciándose los dedos. Quien no haya escuchado el sonido de esas teclas y de los carros a toda velocidad, en un examen, no podrá imaginarse lo impresionante que resulta.

He recuperado la máquina Olivetti Studio 45, verde, que me compré entonces. Era más moderna que aquellas de la academia, claro. Tiene una tecla roja que destaca entre las demás, negras con letras blancas. No la puedo utilizar: la cinta se ha secado. Quizás logre conseguir una nueva; algún día no muy lejano lo intentaré.

 Tantos años después, ahora que vivo en el mismo barrio donde crecí, he tratado de encontrar el local donde estuvo esa academia de máquina, pero ni siquiera recuerdo el sitio exacto, solo la calle. Ya no existe, en todo caso; más aún, ni sombra ni memoria de ella queda, como escribió Mateo Alemán en su Guzmán de Alfarache.