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10 de octubre de 2008

ALICE B. SHELDON: LA DOBLE VIDA DE ALICE B. SHELDON, JAMES TIPTREE JR. BIOGRAFÍA ESCRITA POR JULIE PHILLIPS.



Alice B. Sheldon: la doble vida de Alice B. Sheldon, James Tiptree Jr., por Julie Phillips. Barcelona, Circe, 2007.
Una extensa y muy documentada biografía sobre Alice B. Sheldon-James Tiptree J.. Será un disfrute para las y los admiradores de la escritora estadounidense de ciencia ficción, entre quienes yo me cuento.

En la primavera de 1967, un hombre que no existía envió varias historias de ciencia ficción a distintos editores, y algunas fueron aceptadas y publicadas bajo el nombre James Tiptree Jr. Hasta enero de 1977 no se descubrió públicamente que James Tiptree Jr. era el seudónimo de una mujer, Alice B. Sheldon. El apellido Tiptree lo había elegido inspirándose en una marca de mermeladas; lo de “Jr.” fue una idea de su esposo, Ting. El caso de Alice Sheldon no fue sin duda el primero en que una mujer elige publicar con seudónimo masculino; su peculiaridad está en que no sólo se inventó un nombre falso, sino toda una personalidad masculina. Durante casi 10 años se hizo pasar verdaderamente por Tiptree: tenía un apartado postal y una cuenta corriente a ese nombre, respondía a entrevistas por correo, se carteaba con editores, lectores y otros autores de ciencia ficción, y eludía, por supuesto, las propuestas de encuentros personales.

Es inevitable recordar de nuevo la famosa anécdota en que Robert Silverberg, prologuista de una colección de cuentos de Tiptree, dijo de ella/él: “se ha sugerido que es una mujer, teoría que encuentro absurda porque hay para mí algo ineluctablemente masculino en sus narraciones”. Uno de los cuentos incluidos en el libro citado se titula “Las mujeres que los hombres no ven” (¿fue intencionado ese título?). Pero no es menos cierto que Silverberg no fue el único engañado. Autoras como Ursula K. Le Guin y Joanna Russ mantuvieron una correspondencia estable con el presunto Tiptree, y aunque a veces ellas, u otros, sospecharon por ejemplo una posible homosexualidad del falso autor, para ambas fue una sorpresa descubrir la auténtica personalidad que se ocultaba tras el seudónimo (Joanna Russ, una de la las más importantes escritoras feministas de ciencia ficción, le dijo en ocasiones a Tiptree aquello de “pero tú cómo vas a ser feminista si eres un hombre”).

La muerte de su madre, en octubre de 1976, descubrió quién se ocultaba tras el seudónimo James Tiptree Jr.

Alice, nacida en Chicago el 24 de agosto de 1915, era hija única de Mary Hasting Bradley, autora de novelas y libros de viaje, y exploradora de África, y de Herbert Bradley, abogado y explorador también. Una pareja bien situada económicamente, encantadora, emprendedora, casi ideal: ricos y famosos. El peso del glamour materno y paterno fue en muchas ocasiones a lo largo de su vida una carga para Alice. La relación con su madre fue ambivalente y difícil (¿cuál no lo es, entre hija y madre?). Con Herbert, quizás, el vínculo resultó más simple.

El matrimonio llevó a su hija a África siendo Alice una niña. Una experiencia que, como puede suponerse, la marcó profundamente. (Visitaron, entre otros lugares, el lago Tanganika, las cataratas Victoria, Congo, Ruanda, Uganda, Kenya…). Hubo tres viajes a África: cuando Alice contaba seis, nueve y quince años.

Alice se casó dos veces: con Bill Davey durante dos años, en una relación bastante tormentosa y hasta violenta; bebían mucho y el matrimonio acabó mal. Su segundo esposo fue Huntington (Ting) Sheldon, militar, doce años mayor que ella. Nunca tuvieron unas relaciones sexuales satisfactorias para Alice, pero fueron compañeros de vida, aunque sobre todo al principio ella quería separarse.

Alice Sheldon fue una lesbiana reprimida, y consciente de ello. Se llevaba mejor con los hombres, las mujeres y chicas le aburrían, pero se enamoraba de ellas, aunque nunca se atrevió a ir más allá del deseo. Su caso no es infrecuente: se entendía más con los varones que con las mujeres porque la mayoría de éstas eran pasivas y muy limitadas a su papel femenino; Alice prefería la libertad, así que también tuvo sentimientos encontrados respecto de su propio género: creía que como varón hubiese sido más feliz, y al tiempo se declaraba feminista. No es algo contradictorio en absoluto, situándose en los años que le tocaron vivir.

Se dedicó a la pintura durante un tiempo, fue crítica de arte para un periódico, y en 1942 se enroló en el Ejército, en el WAAC (Women´s Army Auxiliary Corps, Cuerpo Auxiliar Femenino del Ejército).

En 1943 (diciembre) fue trasladada al servicio de fotoespionaje de la Fuerza Aérea. Alcanzó el grado de mayor antes de licenciarse en 1946. Realmente Alice nunca participó en la II Guerra Mundial más que desde su trabajo de espionaje técnico, no estuvo en el frente y viajó a Europa cuando la guerra había acabado. Del mismo modo, su trabajo junto a Ting Sheldon en la CIA (después de un período de 4 años en que ambos intentaron llevar un criadero de pollos en New Jersey), que duró de 1952 a 1955, fue fundamentalmente burocrático, de oficina, para nada al estilo Misión imposible. Ting sí estuvo más años en la CIA y en un puesto superior. No obstante todo esto, y también que Sheldon-Tiptree fue una mujer claramente de izquierdas y feminista, he encontrado en sus relatos ese militarismo tan característico de la ciencia ficción estadounidense (y muy posiblemente en la mentalidad de muchos de los ciudadanos de ese país, y desde luego en la política de su gobierno), un militarismo del que quizás ella no pudo librarse, y que supone un miedo a los otros, los extranjeros, los monstruos alienígenas anónimos, sin individualidad, conciencia ni sentimientos (léase el relato “En la última tarde”, o la novela El color de los ojos del Neardenthal), miedo que supone asimismo una necesidad de defenderse por medio de las armas y la violencia. Ese militarismo es en mi opinión llevado al máximo por otros autores como Robert Heinlein y Orson Scott Card; por fortuna Tiptree está muy lejos de ellos.

En 1955 Alice dejó la CIA y empezó a estudiar en la Universidad, y se doctoró en Psicología Experimental en 1967. Tenía 51 años. Y entonces nació Tiptree.

La doctora Alice Sheldon no siguió trabajando en el terreno de la psicología. Tampoco publicó nunca con su nombre algunas obras que ella proyectaba dentro de esa disciplina.

Sin embargo empezó a ser editada como Tiptree, y a recibir correspondencia, que contestó desde su personalidad masculina. Puesto que los seudónimos eran corrientes entre los escritores y escritoras de ciencia ficción, no se le dio más importancia, aunque se sospechaba que aquel autor, Tiptree, ocultaba su auténtica personalidad porque había trabajado o trabajaba en la CIA. El caso es que poco a poco Alice se vio envuelta en su propio juego, sin saber cómo salir de él, atrapada, pero al mismo tiempo satisfecha con la existencia de su alter ego. Lo que hizo Alice Sheldon fue llevar mucho más allá de lo corriente el uso de un seudónimo masculino por parte de una escritora que lo usaba por miedo a que se conociera su auténtica personalidad o por saber que un nombre de varón le haría bastante más fácil publicar sus obras. Sin embargo a partir de 1971 Alice sintió la necesidad de escribir con una voz femenina, para decir cosas que no era capaz de expresar como hombre, como Tiptree. Así que inventó otro seudónimo, Raccoona Sheldon, con el cual publicaría algunos relatos muy feministas: “Carne de probada moralidad”, “El eslabón más débil” o “¡Vuestros rostros, hermanas mías! ¡Vuestros rostros llenos de luz!”.

Una de las ironías de la carrera de Alli [Alice] como Tiptree es que ella insistía en la naturaleza biológica, esencial, del género, en el momento mismo en que parecía demostrar que todo era una actuación, que después de todo, el género era lo que uno decía que era”, explica Julie Phillips.

En 1969 gana el Premio Hugo por su cuento “La muchacha que estaba conectada”

En 1971, el Nebula por “Amar es el Plan, el Plan es la muerte”.

En 1974, a la vez el Premio Hugo y el Premio Nebula por su relato “Houston, Houston, ¿me recibe?”

Y en 1976, como Raccoona Sheldon, ganará el Nebula por “El eslabón más débil”.

Pero en 1975 cae en una profunda depresión. No fue la primera. Su vida fue en mucho una pelea solitaria contra la depresión. Se le diagnosticó una ciclotimia, un trastorno bipolar, en el que pasaba de intervalos de ansiedad a depresivos. Se medicaba sin control y fue adicta a las anfetaminas, que usaba entre otras cosas para escribir. Leyendo sus relatos yo siempre he tenido la impresión de que es una mujer atormentada, a veces tenebrosa, y en su literatura, a la vez que planteó temas sexuales como pocos otros autores, está obsesionada con la muerte (algo muy poco habitual en la ciencia ficción, más allá de los cadáveres acribillados a tiros), muerte como fin, desaparición de un ser humano, una raza o especie, o incluso un mundo. Es una visión existencial; el dolor está presente en toda su obra, de un modo profundo, extraño, oscuro. Obsesionada por la muerte y tentada demasiadas veces por el suicidio, y de verdad, no como pose para sí misma, los hechos acabaron por demostrarlo.

Fue la muerte de su madre en 1976 lo que permitió que se descubriera su auténtica personalidad.

La pérdida de su secreto, su identidad como Tiptree, fue también dolorosa para ella. Se sintió a partir de entonces menospreciada, sin la autoridad de un nombre masculino. Igualmente se sentía mal por su edad: “una anciana es la forma más baja de vida humana”. Pensaba que habría sido mejor para ella ser realmente un hombre. No era capaz de escribir como Alice.

Y Tiptree era la masculinidad «mágica», su pluma era mi polla. A través de él tuve todo el poder y prestigio de la masculinidad, fui –pese a ser una intelectual que envejece–, uno de los que son dueños del mundo. ¡Cómo detesto ser mujer! (…) Quiero poder, quiero ser escuchada (…) Y nunca lo tendré. Estoy acorralada en este cuerpo perverso de segunda categoría.” (p. 461)

No cabe duda, mi interior no está a juego con mi exterior. Vivo en mi cuerpo y en mi presencia social como si se tratase de un artefacto extraño” (p. 462).

Mi desdichada sexualidad, mi género confundido y mi anhelo de un pene…, de convertirme en un hombre” (p. 462)

Muchas mujeres, y mujeres también feministas, pueden comprender muy bien la angustia, la desdicha que envolvía a Alice Sheldon. Más allá de un problema de autoestima, es una cuestión social. Como para la Regenta de Clarín, el mundo en que les ha tocado vivir es demasiado pequeño para su sensibilidad, sus capacidades, sus anhelos. No es extraño que a través de la ciencia ficción Sheldon quiera huir hacia planetas lejanos. Yo, que admiro profundamente su obra y su persona, percibo su dolor. Desde la perspectiva queer, Sheldon/Tiptree es una personaje extraordinaria, y desde luego cuestiona todas nuestras creencias acerca de la escritura y el género, como bien señala Julie Phillips, la autora de la biografía.

En 1977, Ting empieza a quedarse ciego, y Alice le propone un pacto de suicidio. Él dice que tal vez lo aceptaría, pasados unos años. Ella vuelve a escribir y publicar como Tiptree, y como Raccoona. En 1986 termina la novela El color de los ojos del Neardenthal, su última obra. Aunque había publicado alguna otra novela, son los relatos los que lo mejor escribió Sheldon/Tiptree. De hecho, nunca se sintió a gusto con las obras largas, que elaboró obligada por los editores. En El color… vuelve al tema de la violencia, presenta una especie alienígena amenazada por otra más poderosa y agresiva, y la solución que se nos da es bélica, militarista. Cuando la leí me sorprendió muchísimo que su protagonista, un varón terrestre que tiene hijos con una mujer alienígena, se olvide de la existencia de esas criaturas en el final de la historia… algo tan extraño para una mujer, que sorprende… en verdad, pensé, Alice Sheldon era muy capaz de escribir desde un punto de vista masculino.

El 19 de mayo de 1987, Alice Sheldon, de 71 años, mata de un tiro en la cabeza a su esposo Ting, de 84, y luego se dispara a sí misma. De la biografía elaborada por Phillips se deduce que no consultó al esposo si estaba de acuerdo con esa decisión última, por mucho que lo hubieran hablado antes.

En 1991, las escritoras Pat Murphy y Karen Joy Fowler idean crear un premio para obras que exploraran los papeles de los sexos y sirvieran al entendimiento entre los géneros. Desde entonces, ese premio lleva el nombre James Tiptree Jr. Memorial Award.

Lola Robles, 2008


(Podéis encontrar la bibliografía completa de esta autora en: Bibliografía de Alice Sheldon-James Tiptree Jr.)
(En la Biblioteca de relatos podéis encontrar algunos de sus cuentos: RELATOS DE ALICE SHELDON-JAMES TIPTREE JR.)

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